Fortalecer tus conocimientos, habilidades y destrezas es posible con los cursos gratuitos que tiene disponibles las Defensoría del Pueblo de Colombia.
Para acceder a estos cursos sólo es necesario crear una cuenta en la plataforma Aula Virtual de esa entidad.
Se trata de una plataforma donde se encuentran todos los cursos por categorías para que los ciudadanos puedan seleccionar el proceso formativo que requieran para mejorar su hoja de vida.
"El Aula Virtual de la Defensoría del Pueblo es una plataforma que busca acercar a las personas al conocimiento de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario con cursos virtuales y contenidos accesibles a toda la población", dice la Defensoría del Pueblo.
Y agrega:
"Nuestro compromiso institucional es superar las barreras digitales que limitan la equidad del aprendizaje en nuestros territorios. ¡Recorran y disfruten la experiencia!"
Según esa entidad, las personas que logren culminar el proceso formativo recibirán constancias y reconocimientos de la formación.
Entre las categorías disponibles para estudiar son:
Derechos de la mujeres, mecanismos de protección, derechos de paz, formación a servidores públicos, mecanismos de protección, infancia y vejez, derechos civiles y políticos, derechos colectivos, educación y derechos humanos, buen futuro, derechos económicos, derechos a la salud, entre otros.
Con esta oferta los ciudadanos podrán fortalecer su hoja de vida y tener mayores oportunidades para conseguir trabajo en el sector de los derechos humanos, especialmente, en Colombia.
Estas obras del cine nos invitan a recordar para no volver a
olvidar ni para jamás permitir que se repitan los hechos del conflicto armado
en Colombia y o cualquier país.
A través del cine, la imaginación y las emociones se
combinan mostrando historias narrativas que surgieron de hechos reales que aún
duelen, que aportan a la verdad, la memoria permitiéndonos imaginar la paz
cuando parece imposible.
En el contexto de las naciones que buscan sanar heridas
profundas, la pantalla se convierte en un laboratorio de reconciliación.
A continuación, te presentamos, 7 películas fundamentales
que exploran la dualidad entre el horror del combate y la esperanza del perdón,
obras que todo espectador interesado en la construcción de sociedades más
justas, de manera obligatoria debe ver.
1. La paz (Tomás Pinzón Lucena, 2020/2024)
El Rostro Humano del Desarme.
Este documental colombiano es una pieza clave para entender
el post-acuerdo. Lejos de los discursos políticos, la cámara entra en la
cotidianidad de los excombatientes durante las negociaciones de paz. Es un
retrato íntimo sobre el miedo a la vida civil y el sueño compartido de dejar
atrás las armas, permitiendo al espectador ver al "enemigo" como un
ser humano que también busca su lugar en el mundo.
2. Feliz Navidad (Christian Carion, 2005)
La Humanidad sobre las Trincheras.
Basada en la historia real de la "Tregua de
Navidad" de 1914, esta cinta muestra cómo soldados alemanes, franceses y
escoceses decidieron detener el fuego para compartir comida y música. Es la
prueba cinematográfica de que la guerra es una imposición de los de arriba,
mientras que la paz es el deseo natural de los que están en el fango.
3. Invictus (Clint Eastwood, 2009)
El Deporte como Herramienta de Reconciliación.
Mandela entendió que para unir a Sudáfrica tras el Apartheid
no bastaban las leyes; se necesitaba un símbolo. Esta película narra cómo el
rugby sirvió para unir a opresores y oprimidos bajo una misma bandera. Es una
lección magistral sobre el perdón estratégico y el liderazgo necesario para
sanar una nación dividida.
4. No (Pablo Larraín, 2012)
La Derrota de la Violencia con la Creatividad.
En Chile, un plebiscito decidió el fin de una dictadura.
Esta película muestra cómo una campaña publicitaria basada en la alegría, y no
en el odio o el miedo, logró lo que las armas no pudieron. Es un recordatorio
de que la paz también se construye desde la comunicación y la participación
ciudadana.
5. Los senderos de la gloria (Stanley Kubrick, 1957)
La Injusticia de la Jerarquía Militar.
Un clásico atemporal que denuncia la hipocresía del alto
mando militar. Kubrick nos muestra que, a menudo, los mayores obstáculos para
la paz no están en el frente de batalla, sino en las oficinas de quienes ven a
los seres humanos como simples cifras. Es una crítica feroz al conflicto armado
desde su estructura más absurda.
Este documental reciente analiza la complejidad de los
procesos de paz en entornos polarizados. A través de entrevistas y un análisis
profundo, expone cómo las heridas del pasado y las decisiones políticas de las
últimas décadas siguen condicionando el presente. Es una herramienta
indispensable para entender por qué la reconciliación es un camino largo y
lleno de obstáculos.
7. Gandhi (Richard Attenborough, 1982)
La No Violencia como Fuerza Revolucionaria.
Ninguna lista sobre la paz está completa sin la vida del
hombre que demostró que se puede vencer a un imperio sin disparar una sola
bala. Esta biografía épica es un manual sobre la resistencia pacífica y la
convicción moral, recordándonos que el camino hacia la justicia no tiene por
qué estar empedrado de cadáveres.
Finalmente, recuerda que estas 7 películas no solo cuentan
historias del pasado, sino que reflejan hechos de nuestro presente. También, nos
enseñan que, aunque la guerra sea destructiva, la voluntad de paz es siempre
más persistente.
En el marco del Día de la Memoria y la Solidaridad por las Víctimas del Conflicto Armado, este 9 de abril el SENA, a través de su Agencia Pública de Empleo, desarrollará una jornada que integra la feria de servicios para víctimas de la violencia y la feria de emprendimiento Sembradores de Paz, de 8:00 a. m. a 4:00 p. m., en las instalaciones de la Universidad de Nariño, sede Torobajo.
“Esta feria busca generar un espacio para la comercialización de productos de emprendimientos liderados por población víctima del conflicto. Además, contaremos con vacantes en áreas como TIC, logística, comunicaciones, servicio al cliente y servicios comerciales, con el propósito de fortalecer sus oportunidades de empleo”, afirmó Elsa Bohórquez, directora (e) de Empleo y Trabajo.
Estas iniciativas buscan promover la inclusión social y productiva de esta población, facilitando el acceso a oportunidades de empleo, formación, certificación de competencias laborales y emprendimiento. La agenda de los eventos puede consultarse.
Sembradores de Paz, una apuesta por el emprendimiento
La Feria Sembradores de Paz será un espacio comercial que contará con la participación de más de 40 negocios liderados por víctimas del conflicto armado, quienes exhibirán productos y servicios que reflejan la diversidad, creatividad y resiliencia de emprendedores que han encontrado en el emprendimiento una oportunidad para reconstruir sus proyectos de vida y fortalecer sus comunidades.
El objetivo de este evento es promover la comercialización de productos y servicios, fortalecer las capacidades empresariales y generar ingresos sostenibles para esta población. Cada emprendimiento representa una historia de resiliencia, una apuesta por salir adelante y una oportunidad para demostrar que, incluso en medio de la adversidad, es posible volver a empezar.
Como complemento a esta apuesta de construcción de paz, se realizará la Feria de Servicios para Víctimas del Conflicto Armado, en la que se ofertarán más de 90 vacantes dirigidas a esta población. Los asistentes no solo podrán registrar su hoja de vida, sino también participar en entrevistas directas con los reclutadores de las empresas participantes.
Además, la Agencia Pública de Empleo SENA ofrecerá talleres de orientación ocupacional enfocados en herramientas clave para la empleabilidad, como la elaboración de hojas de vida, preparación para entrevistas, redes efectivas de búsqueda de empleo y asesoría en emprendimiento, incluyendo la formulación y puesta en marcha de planes de negocio.
Estos resultados evidencian que el emprendimiento es un motor de reparación integral que impulsa la autonomía económica, la equidad y la construcción de paz en los territorios. Con estas iniciativas, el SENA reafirma su compromiso con la generación de oportunidades que contribuyen a la transformación social del país.
Convocatorias de empleo de la Universidad Nacional para contratar profesionales
Si estás buscando empleo, la Universidad Nacional de
Colombia tiene varias ofertas de trabajo, incluso, a través de concurso de
méritos.
Según su página web, los empleos están disponibles en sus
principales sedes del país: Amazonía, Bogotá, Caribe, La Paz, Manizales,
Medellín, Nivel Nacional, Palmira y Tumaco.
Todas las personas que estén interesadas deben leer los términos
de referencia y participar del proceso de selección, según el proceso y el tipo
de contratación.
La universidad Nacional de Colombia es una de las
instituciones más reconocidas en todo el país y a nivel internacional, por
tanto, los estándares de calidad y profesionalismo son altos, por eso, buscan
candidatos que cumplan con todos los requisitos en su hoja de vida.
Por lo tanto, con un riguroso procedimiento que abarca desde
pruebas hasta antecedentes, los procesos de selección a cualquier convocatoria
representan una gran oportunidad para fortalecer la planta administrativa en el
corto y mediano plazo, respetando los principios de autonomía universitaria y
carrera administrativa.
En resumen, la UNAL invita a la comunidad universitaria y a
la ciudadanía a participar en los procesos de selección y aplicar a las
convocatorias disponibles.
Finalmente, recuerde que las diferentes etapas del proceso
garantizan transparencia, igualdad y valoración de méritos. Participar en los
procesos no tiene costo ni intermediarios.
Cómo unirte a las misiones de la ONU y cambiar el mundo como
voluntariado
Hacer parte de una misión de la ONU como voluntariado es una
experiencia magnífica para quien ama trabajar los demás, conocer otros lugares
y adquirir conocimientos en terreno.
Los voluntariados de la ONU son una excelente opción para fortalecer
la experiencia y hacer de tu hoja de vida algo excepcional.
El sistema de las Naciones Unidas ha declarado 2026 como el
Año Internacional del Voluntariado, una iniciativa que busca movilizar a
millones de personas para acelerar el cumplimiento de los Objetivos de
Desarrollo Sostenible.
En este contexto, el programa UNV (United Nations
Volunteers) ha abierto una de las mayores convocatorias de su historia,
ofreciendo oportunidades que rompen con el mito de que para ser voluntario
internacional se requiere vivir en el extranjero o tener décadas de
experiencia.
La estrategia se centra en la resiliencia comunitaria y la
acción climática, invitando a profesionales y jóvenes entusiastas a registrarse
en su banco de talentos global. A diferencia de otros programas, el
voluntariado de la ONU se integra directamente en las operaciones de agencias
como el PNUD, UNICEF y ACNUR, permitiendo que los participantes aporten
soluciones reales a crisis humanitarias y procesos de paz.
Modalidades para cada perfil: del terreno a la nube
La plataforma de voluntariado ha diversificado sus
categorías para asegurar que nadie se quede atrás, adaptándose a las diferentes
realidades profesionales y personales:
* Voluntariado en línea: Esta modalidad permite que
cualquier persona con conexión a internet colabore en tareas de traducción,
diseño gráfico, redacción de proyectos, investigación y soporte técnico. Es la
opción ideal para quienes desean generar impacto sin abandonar sus empleos o
estudios actuales.
* Voluntariado en el país: Dirigido a ciudadanos que desean
trabajar dentro de sus propias fronteras para fortalecer las instituciones
locales. Este enfoque es vital para proyectos de desarrollo rural y asistencia
técnica en municipios alejados.
* Voluntariado internacional: Para profesionales con
experiencia que son desplegados en misiones fuera de su país de origen. Estas
asignaciones suelen cubrir gastos de traslado, seguro médico y un subsidio de
subsistencia mensual.
* Jóvenes voluntarios de la ONU: Un programa específico para
personas de entre 18 y 26 años, diseñado para captar el talento emergente y
proporcionarles una primera experiencia de alto nivel en el sistema
internacional.
¿Cuáles son los
Requisitos y el proceso de postulación?
El proceso comienza con la creación de un perfil en el
portal Unified Volunteering Platform (UVP). La ONU enfatiza que no solo buscan
expertos en política; la demanda actual incluye perfiles en logística, salud,
ingeniería, comunicaciones y gestión de datos. Una vez registrado, el candidato
entra en una base de datos donde las agencias seleccionan los perfiles que
mejor se ajustan a las necesidades específicas de cada misión.
Además de la satisfacción personal, ser voluntario de la ONU
otorga un reconocimiento oficial y acceso a una red global de profesionales del
desarrollo. En un momento donde la desigualdad y el cambio climático desafían
la estabilidad global, el mensaje de la organización es contundente: el
voluntariado no es una actividad secundaria, sino el motor fundamental para la
transformación social.
Para participar, los interesados deben acceder al portal
unv.org y completar su currículum digital. La convocatoria permanece abierta de
forma permanente, pero las misiones específicas para el Año Internacional del
Voluntariado están siendo publicadas con prioridad durante este primer
trimestre.
A través de su página web, esta federación publica de manera
frecuente oportunidades de trabajo para diferentes profesionales y así reunir
el mejor talento del país para optimizar sus productos y servicios.
Las vacantes se encuentran disponibles para que los
ciudadanos que cumplan con los requisitos se postulen y logren ingresar a trabajar
con esta organización.
El sector palmicultor en Colombia se ha consolidado como uno
de los pilares de la economía rural, y su gremio líder, Fedepalma, mantiene una
búsqueda constante de profesionales que deseen vincularse a una industria en
plena expansión técnica y sostenible.
A través de su portal oficial y plataformas aliadas, la
federación ha desplegado una serie de convocatorias que van desde roles
administrativos hasta especialistas de campo en diversas zonas del país.
Estas oportunidades no solo representan un empleo estable,
sino la posibilidad de integrarse a proyectos de alto impacto que combinan la
tecnología agrícola con la sostenibilidad ambiental. La entidad busca perfiles
que puedan aportar al fortalecimiento de las regiones palmeras, especialmente
en departamentos como Meta, Cundinamarca y las zonas orientales y norte del
territorio nacional.
Estos son los Perfiles con alta demanda en la actualidad
De acuerdo con el monitoreo de sus convocatorias más
recientes para el primer semestre de 2026, la federación y sus centros
experimentales están priorizando la contratación en áreas estratégicas:
* Asistencia administrativa para cultivos: Roles enfocados
en la gestión de datos, conciliación y manejo de herramientas digitales en
municipios como Paratebueno.
* Extensión fitosanitaria y técnica: Profesionales como
ingenieros agrónomos o técnicos agrícolas encargados de supervisar la sanidad
vegetal y las buenas prácticas en las zonas orientales.
* Gerencia de proyectos e innovación: Liderazgo en el
desarrollo de nuevos productos y procesos de tecnificación para la industria
palmera desde sedes principales como Bogotá.
* Especialistas en productividad sostenible: Perfiles
enfocados en asegurar que los pequeños y medianos productores cumplan con los
estándares internacionales de certificación.
Fedepalma: Una cultura de reconocimiento y crecimiento
Más allá de las vacantes tradicionales, Fedepalma promueve
la inclusión mediante convocatorias especiales como el Premio a la Mujer
Palmera y concursos de sostenibilidad, los cuales cierran sus postulaciones en
fechas clave de marzo y abril. Estas iniciativas buscan visibilizar el
liderazgo femenino y las prácticas que protegen la biodiversidad en las
plantaciones.
Para quienes buscan una carrera en el sector, la
recomendación es mantener actualizado el perfil en el enlace de Trabaje con
Nosotros del sitio oficial. La mayoría de estas posiciones ofrecen contratos
con todas las prestaciones de ley y, en muchos casos, la oportunidad de recibir
capacitación especializada en el manejo de palma de aceite, una de las materias
primas más versátiles y demandadas del mercado global.
La industria no solo busca manos para trabajar la tierra,
sino mentes capaces de liderar la transición hacia una agricultura de datos y
precisión. En un país que apuesta por la paz total y el desarrollo rural,
formar parte de Fedepalma se presenta como una de las rutas más sólidas para el
crecimiento profesional en el agro colombiano.
¿Es La Cocha el paraíso que nos prometen o un espejo de
agua atrapado en el tiempo?
Para quien vive en Pasto, la Laguna de La Cocha es como ese
cuadro familiar que siempre ha estado en la sala: está ahí, sabemos que es
valioso, pero a veces dejamos de mirarlo con asombro. Sin embargo, para el que
llega de afuera —del calor de la costa o del asfalto bogotano—, este rincón del
corregimiento de El Encano es un choque térmico y visual que obliga a detener
el reloj.
Pero, en pleno 2026, con el turismo mutando hacia
experiencias más rápidas y digitales, cabe hacerse la pregunta que muchos
viajeros susurran antes de comprar el pasaje: ¿Realmente vale la pena el
frío, el viaje y el costo, o es solo una postal repetida?
He conversado con quienes bajan de las lanchas con la cara
roja por el viento y he revisado lo que dicen las crónicas nacionales para
entender qué es lo que realmente se siente al pisar "La Venecia de los
Andes".
El imán de lo "irreal"
Lo primero que atrapa al turista es la arquitectura. Esas
casas de madera con colores encendidos y flores que cuelgan de los balcones en
el puerto de El Encano no parecen pertenecer a la geografía colombiana.
Según un reportaje de la revista Travelgrafía, La
Cocha no es solo un cuerpo de agua; es un "santuario de energía"
donde la Isla de la Corota actúa como el corazón de un ecosistema que parece
sacado de un cuento nórdico.
Para el turista que busca la foto perfecta, la respuesta es
un "sí" rotundo. Pero el análisis va más allá de la estética. Los
viajeros frecuentes destacan que lo que realmente vale la pena es el silencio.
En un mundo ruidoso, navegar por el espejo de agua cuando la bruma baja es una
terapia que no tiene precio en ninguna aplicación de bienestar.
El veredicto del bolsillo y el paladar
No todo es mística. El turista de hoy es exigente y compara.
La
trucha: Es el eje del viaje. Algunos críticos gastronómicos locales en
el diario El Derecho han señalado que, aunque la oferta es masiva,
la verdadera joya está en los restaurantes que aún conservan la técnica
del ahumado tradicional con leña de la zona.
El
costo: En comparación con destinos como Guatapé en Antioquia, La Cocha
sigue siendo un destino "amigable" con el presupuesto. Los
turistas resaltan que, aunque el pasaje en lancha ha subido, la
posibilidad de caminar por la reserva natural sin pagar entradas
exorbitantes es un alivio.
Las voces que piden más
Sin embargo, no todo es color de rosa. Al analizar las
opiniones en portales como TripAdvisor y en crónicas de El Tiempo,
aparece una constante: la falta de una infraestructura que soporte el frío
extremo de la noche para quienes deciden quedarse.
"La Cocha es un tesoro que a veces se siente descuidado
por la falta de una política clara de turismo sostenible que proteja la laguna
de la contaminación", afirma una columna de opinión en un medio regional.
Los turistas más críticos mencionan que, si bien el paisaje
es insuperable, el desorden en el puerto durante los festivos puede empañar la
experiencia de paz que se busca.
¿Vale la pena?
Si usted busca un parque de diversiones con tecnología y
servicios de lujo de cinco estrellas, quizás La Cocha le quede debiendo. Pero
si lo que busca es una conexión cruda con la naturaleza, un plato de comida que
calienta el alma y el asombro de ver cómo la niebla se traga una isla entera en
segundos, la respuesta es un sí innegociable.
Visitar La Cocha vale la pena porque es uno de los pocos
lugares en Colombia donde el tiempo todavía se mide por el ritmo de los remos y
no por las notificaciones del celular. Es, como dicen los que vuelven, un lugar
para "limpiar la mirada".
Nariño: El secreto mejor guardado de los Andes que parece
de otro mundo
A veces, para viajar lejos, no hace falta un pasaporte ni
diez horas de vuelo. A veces, la frontera entre lo cotidiano y lo fantástico
está a la vuelta de una curva en la Cordillera de los Andes. Nariño no es solo
el departamento del cuy y el Carnaval; es un mapa de "no lugares" que
desafían la geografía colombiana.
Como periodista que recorre estas trochas, me he topado con
rincones que, si no fuera por el acento de su gente, juraría que pertenecen a
Islandia, Escocia o el Tíbet. Aquí les presento un análisis de esos diez puntos
ciegos que parecen sacados de otra latitud.
1. El Cañón del Juanambú: La Capadocia del Sur
Ubicado en Buesaco, este accidente geográfico no tiene nada
que envidiarle a los paisajes de Turquía. Sus formaciones rocosas y su clima
seco contrastan con la humedad del resto del departamento.
Según el diario El Espectador, este cañón es un
"museo de historia natural al aire libre", donde el río ha esculpido
la piedra durante milenios.
2. La Laguna de la Cocha y sus casas de madera
Al llegar al puerto de El Encano, el paisaje se transforma
en una pequeña Venecia o un pueblo alpino suizo.
El
encanto: Las casas con balcones florecidos y la niebla que baja de los
cerros le dan un aire nórdico.
Cita:
La revista Semana ha descrito este lugar como "un refugio de
paz que parece flotar sobre un espejo de agua", destacando su
arquitectura única en el país.
3. Las Lajas: El milagro sobre el abismo
Aunque es el destino más conocido, su estructura gótica
sobre el río Guáitara parece sacada de un cuento de hadas centroeuropeo.
Para el diario El Tiempo, el Santuario de Las Lajas
es "el monumento más bello de América", una pieza arquitectónica que
rompe la lógica de la montaña.
4. El Volcán Azufral y la Laguna Verde
Caminar hacia el cráter del Azufral es lo más parecido a
pisar otro planeta. El color verde esmeralda del agua, cargada de azufre,
recuerda a los paisajes volcánicos de Nueva Zelanda. Es un ecosistema de páramo
que, lamentablemente, a veces debe cerrarse para su recuperación, pero cuya
vista es casi mística.
5. La Playa de Bocagrande en Tumaco
Lejos del frío andino, Nariño tiene una costa que parece el
Sudeste Asiático. Sus manglares infinitos y sus puestas de sol sobre el
Pacífico son de una intensidad que pocas revistas de viajes logran capturar con
justicia.
6. El Páramo de Letras y sus frailejones gigantes
En la vía hacia el sur, existen zonas donde los frailejones
alcanzan alturas imposibles. Es un paisaje silencioso, similar a las estepas de
alta montaña en Asia Central, donde el tiempo parece haberse detenido hace mil
años.
7. Las Cascadas de Belén en Sandoná
Caídas de agua cristalina que se pierden entre la selva
andina. Si alguien tomara una foto sin contexto, muchos pensarían en los
parques nacionales de Costa Rica. Es la fuerza del agua en su estado más puro.
8. Los Petroglifos de la Piedra de los Monos
En Buesaco, estas inscripciones milenarias nos conectan con
una estética que recuerda a los yacimientos arqueológicos del norte de África.
Es el arte rupestre gritando desde el pasado.
9. El Mirador del Cañón del Guáitara (Puerres)
Desde aquí, la profundidad del abismo es tal que las nubes
quedan por debajo del observador. Es un paisaje de vértigo que recuerda a los
valles profundos de los Pirineos.
La revista Viajes & Turismo señala que "la
profundidad del Guáitara es un desafío visual que pocos destinos en Suramérica
pueden igualar".
10. La Chorrera de San Pedro
Una cascada de proporciones épicas que cae desde una muralla
de piedra negra. Su escala es tan masiva que evoca las cataratas escondidas de
las Highlands escocesas, especialmente cuando la lluvia arrecia.
¿Por qué no los conocemos?
El "secreto" de Nariño no es su falta de belleza,
sino su geografía indómita. Como bien dice un informe de la Gobernación de
Nariño, el turismo de naturaleza es nuestra mayor riqueza, pero requiere un
viajero dispuesto a la aventura, al frío y a la sencillez.
Nariño es una prueba de que el mundo cabe en un solo
departamento. Solo hace falta abrir los ojos y, sobre todo, aprender a escuchar
el silencio de sus montañas.
El Escudo del Rezo y el Humo: Manual de Defensa contra lo
Invisible en Nariño
En el sur de Colombia, la frontera entre lo que se ve y lo
que se siente es tan delgada como la neblina que sube del Guáitara. Por eso, el
nariñense no camina solo por el mundo; camina protegido. Tras siglos de
convivencia con el Duende, la Viuda y el "Mal Aire", nuestra gente ha
desarrollado un arsenal de contramitología: un conjunto de rituales que mezclan
la fe católica con la herencia chamánica de los Quillasingas.
Protegerse en Nariño no es un acto de superstición, es una
técnica de supervivencia espiritual. Como bien dice doña Tránsito, una de las
curanderas más respetadas del mercado de los Dos Puentes: “Al espanto no se
le gana con escopeta, se le gana con la fe en la palabra y el respeto a la
planta”. En este reportaje, revelamos los secretos que los abuelos han
usado para que la sombra no entre en la casa ni se pegue al alma.
1. El Tabaco: El Humo que Limpia el Camino
Para el campesino de nuestra región, el tabaco es mucho más
que un vicio; es un centinela. Se cree que el humo del tabaco tiene la
propiedad de "enredar" la visión de los seres del más allá.
El
Ritual: Cuando un caminante debe atravesar un monte oscuro o una
quebrada "pesada" a medianoche, suele encender un cigarro o un
tabaco rústico. El humo actúa como una cortina que oculta al humano de la
vista del Duende.
La
Cita:“El humo del tabaco es sagrado porque confunde al Maligno. Si
usted fuma con intención, el espanto siente que hay un fuego encendido y
prefiere no arrimarse”, explica un arriero de la zona de Puerres. Es
la defensa química del espíritu.
2. El Secreto de las Plantas: Ruda, Chilca y Santa María
Nuestras abuelas son las boticarias del alma. En cualquier
huerta pastusa no puede faltar la Ruda. Se dice que esta planta tiene un
carácter tan fuerte que "espanta hasta al diablo".
La
Protección: Poner una ramita de ruda detrás de la oreja o debajo de la
almohada es el escudo básico contra el Mal de Ojo y las visitas nocturnas
del Duende.
El
Baño de Limpieza: Cuando alguien llega "asustado" de un
viaje o de un velorio, se le baña con agua de siete hierbas amargas
(incluyendo la chilca y el marco) para sacudirle las larvas espirituales.
Como afirma doña Tránsito: “La planta tiene el poder de la tierra, y la
tierra es la única que puede tragarse la mala energía”.
3. La Oración Secreta: El Justo Juez y las Doce Verdades
Aquí la herencia hispánica se vuelve amuleto. No son
oraciones de misa dominical, sino rezos de "combate".
El
Justo Juez: Es la oración por excelencia para evitar que los enemigos
(vivos o muertos) nos vean. Se dice que quien carga la oración del Justo
Juez en el pecho, se vuelve invisible ante la maldad.
Las
Doce Verdades: Un rezo rítmico y potente que se usa para
"amarrar" al demonio o para que el Guagua Auca deje de llorar. “Es
un rezo que hay que saber decir, con el corazón firme. Si usted duda, la
palabra no tiene fuerza”, relata un rezandero de la ciudad. Es el
poder del verbo convertido en muralla.
4. Objetos de Poder: La Sal, las Tijeras y el Azabache
En la cotidianidad del hogar pastuso, los objetos comunes
adquieren funciones mágicas:
Las
Tijeras en Cruz: Colocarlas debajo del colchón de un niño sin bautizar
corta la intención de las brujas que quieren "chuparlo".
La
Sal: Tirar un puñado de sal hacia atrás cuando se siente un escalofrío
en la nuca es una forma rápida de cortar el rastro de la Viuda.
El
Azabache: Esa pequeña piedra negra, a menudo engastada en plata y
puesta en la muñeca de los bebés, es el pararrayos que absorbe la envidia
y el "ojo fuerte" de los extraños.
5. La Runa y el Contramarchante
En las zonas más rurales, los abuelos hablan de la
"Runa" (un amuleto preparado con raíces y elementos de poder) o del
"Contramarchante". Son objetos que se cargan en el bolsillo y que han
sido "curados" por un médico tradicional. Su función es que, si
alguien lanza un hechizo o un "aire" contra la persona, este rebote y
regrese a su origen. Es la ley de la física espiritual andina.
La Psicología de la Protección
¿Por qué estos rituales persisten con tanta fuerza en Pedro
Nel Burgos y en miles de nariñenses? Un análisis profundo sugiere que estas
prácticas cumplen una función social y psicológica vital: nos devuelven el
control.
En un mundo lleno de incertidumbres, volcanes que rugen y
cañones profundos, saber que una rama de ruda o una oración pueden protegernos
nos da la paz necesaria para habitar el territorio. Es nuestra forma de decir
que, aunque somos pequeños frente a la montaña, tenemos el conocimiento para
negociar con sus sombras.
Como concluye la voz de la experiencia en el sur: “El que
sabe, no teme; y el que reza, camina tranquilo”. Estos rituales son el
barniz invisible que protege nuestra identidad, recordándonos que somos hijos
de una tierra donde lo sagrado y lo profano se saludan todos los días en la
esquina.
Si el Escudo de Pasto nos habla de linaje y castillos, su
bandera es un grito de tierra, de pasión y de esperanza. No necesita figuras
complejas para contar quiénes somos; le bastan dos franjas de colores vibrantes
que, al ondular bajo el cielo frío de los Andes, parecen encender el paisaje.
La bandera de San Juan de Pasto es un símbolo de sencillez
profunda. Adoptada oficialmente para representar la identidad del municipio,
sus colores —el azul y el rojo— no fueron elegidos al azar ni por
mera estética. Son la síntesis de una psicología colectiva que los pastusos
llevamos tatuada en el alma.
El Azul: La Inmensidad del Espíritu y el Paisaje
La franja superior es de un azul intenso. En la heráldica y
en los estudios sobre simbología regional que reposan en el Banco de la
República, este color tiene una doble lectura que define al habitante de
estas tierras:
La
Lealtad y la Justicia: Históricamente, el azul representa la
"realeza de espíritu". Pasto ha sido, por definición, una ciudad
de principios inamovibles. Como bien cita el libro Pasto: Historia y
Cultura, el azul es el color de la justicia y la verdad, valores que
el pastuso defiende con una tenacidad que a veces el resto del país
confunde con terquedad.
El
Manto Andino: Es imposible no asociar este color con el cielo
despejado que abraza al volcán Galeras en las mañanas de verano, o con el
reflejo de la Laguna de la Cocha. Es el color de la paz que se respira en
nuestras veredas y la serenidad de una fe que mueve montañas.
El Rojo: La Sangre y la Fuerza del Volcán
La franja inferior, un rojo encendido, es el contrapeso
perfecto. Es el color de la fuerza vital y tiene un significado que estremece:
El
Fuego del Corazón: El rojo simboliza la valentía, el arrojo y la
caridad. Pero en Pasto, este color adquiere un matiz geográfico: es el
fuego que habita en las entrañas del "Viejo Galeras". Como se ha
mencionado en crónicas de diarios locales como El Derecho, el rojo
es la pasión con la que el pastuso trabaja la tierra y celebra sus
fiestas.
El
Sacrificio: Representa también la sangre derramada por nuestros
antepasados en la defensa de su territorio y sus convicciones. Es un
recordatorio de que la libertad y la identidad de este pueblo han tenido
un costo alto, pero se mantienen vivas y ardientes.
Un Análisis desde la Identidad
Al observar la bandera en su conjunto, vemos un equilibrio
de fuerzas. El azul (la mente, la fe, la ley) descansa sobre el rojo (el
cuerpo, la pasión, la fuerza). Según investigaciones del Banco de la
República, esta combinación cromática es recurrente en la zona andina, pero
en Pasto adquiere un carácter de "resistencia cultural".
Curiosamente, el diseño actual de la bandera —dos franjas
horizontales de igual tamaño— busca que, al ser izada, el rojo quede abajo,
como si fuera la base sólida, el fogón sobre el cual se construye la civilidad
azul de la ciudad.
Más que una Tela, un Sentimiento
Como bien dicen los poetas locales, la bandera de Pasto es
"un pedazo de cielo sobre un río de lava". Verla ondear en la Plaza
de Nariño o durante el desfile del 6 de enero en el Carnaval de Negros y
Blancos, es entender que somos un pueblo de contrastes: tranquilos como el azul
de nuestras lagunas, pero apasionados y fuertes como el rojo de nuestra
historia.
Es, en definitiva, el estandarte de una ciudad que sabe
quién es y hacia dónde va, sin olvidar nunca de qué barro (y de qué fuego) está
hecha.
¿Te gustaría que ahora indagáramos en la historia del himno
de Nariño para ver cómo se diferencia del de la ciudad, o prefieres que
analicemos algún mito o leyenda de la región?
Para el oído desprevenido, el Himno de San Juan de Pasto es
una marcha marcial imponente. Pero para quien se detiene a desmenuzar la
herencia de don Alberto Montezuma Hurtado, se encuentra con una joya
lingüística que parece más un poema místico que un canto patrio convencional.
Hace poco, revisando los archivos culturales del Banco de
la República (Sucursal Pasto), me topé con una reflexión fascinante: la
identidad pastusa no solo se construye con adobe y fe, sino con un lenguaje que
se resiste a la simplificación. El himno de la ciudad es, quizás, el mejor
ejemplo de esa "resistencia del idioma".
Un diccionario entre las estrofas
Lo que hace único a este himno no es solo su melodía,
compuesta por el maestro Luis E. Nieto, sino la densidad de su léxico.
Expertos y cronistas locales, en páginas de diarios históricos como El
Derecho, han señalado que el texto contiene un inventario de al menos 35
términos y giros idiomáticos que hoy resultarían inusuales o
"elevados" para el ciudadano de a pie, pero que en el contexto de la
ciudad adquieren un peso sagrado.
Palabras como "blasón", "hidalguía",
"preclara" o "hiende", no están puestas al
azar. Según el libro Pasto: Historia y Cultura, esta elección
lingüística buscaba elevar la categoría moral de la ciudad tras las guerras
civiles del siglo XIX. No se trataba solo de cantar, sino de "revestir de
nobleza" la historia de un pueblo que, para muchos en el centro del país,
era un enigma.
El Himno de San Juan de Pasto
Para entender este análisis, hay que leerlo con lupa,
buscando esas texturas en las palabras:
CORO
¡Salve, oh Pasto, ciudad de los sueños!
¡Salve, oh tierra de luz y de amor!
En tu cielo los astros son dueños,
y en tu suelo florece el honor.
I
De los Andes surgiste, gallarda,
con la fe por escudo y blasón;
en tu entraña la gloria se guarda,
y es un himno tu voz de león.
II
Bajo el ala del viejo Galeras,
que es tu eterno y fiel centinela,
vas tejiendo tus nuevas banderas
con el alma que el triunfo anhela.
III
Noble y libre, por siempre serás,
luz de América, estrella de oriente,
que en la paz y en la guerra darás
un ejemplo de pueblo valiente.
(Nota: Aunque el himno oficial se canta en estas
estrofas, la versión completa original de Montezuma Hurtado es la que esconde
el tesoro de las 35 palabras complejas).
¿Por qué usar palabras "raras"?
Si consultamos la Red Cultural del Banco de la República,
entenderemos que el uso de términos como "ínclita", "prez"
o "estirpe" (presentes en la composición completa de
Montezuma) responden a una estética neoclásica. El periodista y académico
pastuso, en columnas de antaño, solía decir que "el pastuso no habla, el
pastuso cincela el aire".
Esa "rareza" en el lenguaje es, en realidad, un
acto de amor por la palabra castiza. Al usar términos inusuales, el himno
obliga al ciudadano a investigar, a preguntar, a elevar su propio vocabulario.
Es una invitación a no ser mediocres con el idioma.
Hoy, cuando el lenguaje se abrevia en pantallas de celular,
el Himno de Pasto se levanta como un recordatorio de que somos hijos de una "preclara
estirpe". Esas 35 palabras —entre las que se cuentan adalid, alcor,
fulgor y tesura— son el verdadero escudo de la ciudad: uno hecho
de letras que el viento no se lleva.
Acá el glosario:
Abroquela:
Protegerse.
Adalid:
Caudillo, gente de guerra, persona que se distingue en la dirección o
defensa de algo.
Aduerme:
Acción de reposar
Arar:
Trabajar la tierra, abrir surcos en la tierra con el arado.
Augusta:
Infunde respeto y veneración por su excelencia.
Ejido:
Terreno en las afueras de la ciudad, destinado a usos comunes.
Esteva:
Pieza corta y trasera del arado sobre la cual lleva la mano el que trabaja
la tierra.
Fanal:
Campana de cristal para guardar algún objeto
Feral:
Cruel sangriento
Fortín:
Fuerte, obra que se levanta en los atrincheramientos para su mayor
defensa. Fortaleza.
Fulge:
Brilla, ilumina.
Greda:
Arcilla o barro.
Homérica:
Relativo a Homero, famoso, acción singular o hazaña.
Ignoto:
No conocido ni descubierto.
Inmolado:
Hacer sacrificio, morir.
Laúd:
Instrumento musical de cuerdas, que se usaba en Europa durante los siglos
XVI y XVII.
Lid:
Combate, pelea.
Limo:
Sedimento en el fondo de los ríos.
Melifica:
Acción de dotar de miel o engrandecer.
Mies:
Cereal maduro.
Nutricia:
Que da alimento, que es nutritivo.
Pendón:
Bandera o estandarte.
Pasto:
Bajo el beso aborigen del sol
Perenne:
Que dura indefinidamente o por un largo tiempo, permanece.
Pétreo:
Dureza, piedra, que tiene sus características.
Piafa:
Da patadas el caballo con las patas delanteras rascando sobre el piso.
Rampante:
La heráldica establece que el animal que está representado en un escudo de
armas debe presentar las manos abiertas y los flancos desplegados.
Sillar:
Cualquiera de las piedras labradas que se emplean en construcción.
Caminar por las calles de Pasto es encontrarse con una
ciudad que respira historia en cada esquina. Pero hay algo que une a los
pastusos más allá del cuy o del Carnaval: los acordes de su himno. No es solo
una canción patria; es un código de identidad que, curiosamente, guarda
secretos que muchos ignoran mientras se llevan la mano al pecho.
Un canto que nació del "ruido" de la guerra
Lo primero que debemos entender es que el himno de San Juan
de Pasto no es una pieza romántica, es una marcha de reafirmación. Fue
compuesto en un contexto donde la ciudad buscaba definir su lugar en la
historia colombiana. La letra, escrita por el destacado poeta Dr. Alberto
Montezuma Hurtado, y la música, obra del maestro Luis E. Nieto,
forman un binomio que evoca tanto la bravura del Galeras como la hidalguía de
su gente.
Las curiosidades detrás de los versos
Investigando en los anaqueles de la historia local, saltan a
la vista detalles que parecen sacados de una novela:
La
"herencia española" en debate: A diferencia de otros himnos
que celebran la ruptura con España, el de Pasto reconoce esa raíz. El Banco
de la República, en sus investigaciones sobre la identidad nariñense,
destaca cómo Pasto mantuvo una fidelidad única a la corona durante la
independencia, un matiz que la letra de Montezuma Hurtado maneja con una
elegancia casi diplomática.
El
lenguaje de los "Leones": En varios textos de la época
recopilados en antiguos diarios como El Derecho, se menciona que la
intención era sacudirse el estigma de la "terquedad" pastusa
para transformarlo en "lealtad y valor". Como bien cita el libro
Pasto: Historia y Cultura, el himno busca elevar el orgullo del
"pueblo que no se rinde".
Un
ritmo que se siente en los pies: La música del maestro Nieto tiene una
cadencia que, aunque marcial, roza la sensibilidad del pasillo y el
bambuco. Es un himno que se puede marchar, pero que se siente como un
susurro de la cordillera.
El Himno de San Juan de Pasto
CORO
¡Salve, oh Pasto, ciudad de los sueños!
¡Salve, oh tierra de luz y de amor!
En tu cielo los astros son dueños,
y en tu suelo florece el honor.
I
De los Andes surgiste, gallarda,
con la fe por escudo y blasón;
en tu entraña la gloria se guarda,
y es un himno tu voz de león.
II
Bajo el ala del viejo Galeras,
que es tu eterno y fiel centinela,
vas tejiendo tus nuevas banderas
con el alma que el triunfo anhela.
III
Noble y libre, por siempre serás,
luz de América, estrella de oriente,
que en la paz y en la guerra darás
un ejemplo de pueblo valiente.
¿Por qué nos sigue conmoviendo?
El análisis profundo de esta pieza nos revela que no es un
texto estático. Al leerlo hoy, la mención al "viejo Galeras" ya no es
solo geográfica, es emocional. El volcán no es una amenaza, es el
"centinela" que cuida la casa.
Como bien señalan las crónicas del Banco de la República,
la música en Nariño es un hilo conductor de la resistencia cultural. El himno
de Pasto es la prueba de que una ciudad puede reconocer sus contradicciones,
abrazar su pasado y cantar hacia el futuro con la frente en alto. Es, en
esencia, el sonido de una identidad que se niega a ser olvidada.
¿Te gustaría que profundizara en la biografía del maestro
Luis E. Nieto o que analicemos algún otro símbolo de la ciudad?
En el municipio de Samaniego, Nariño, territorio con vocación agrícola el SENA continúa impulsando la formación pertinente como eje del desarrollo local. En este contexto, 44 aprendices recibieron su certificación tras culminar su proceso formativo en programas clave para el territorio: Auxiliar en Producción de Café, con una duración de seis meses; Técnico en Mantenimiento y Reparación de Edificaciones y Técnico en Producción Agropecuaria, ambos con una duración de un año y medio.
“Hoy, gracias a este certificado, espero tener la oportunidad de seguir estudiando en otro programa relacionado con el café, que es lo que me apasiona. Quiero agradecer al SENA por llegar hasta nuestro territorio, porque es aquí donde realmente se necesitan estas oportunidades para poder salir adelante y progresar”, dijo Leidy Viviana Melo, aprendiz del SENA.
Este logro cobra especial relevancia al tratarse de los primeros aprendices certificados en el municipio, consolidando capacidades que aportan al fortalecimiento del sector rural, la infraestructura local y la productividad agrícola.
“Me llena de felicidad encontrar que el trabajo de esta entidad repercute de manera tangible en el cambio de vida de muchas personas. Hoy ustedes son el resultado de una decisión de formarse y eso los hace diferentes. Mi invitación es que sean inspiración para otros: formarse es un camino de recompensas”, afirmó Claudia Forero, directora de Formación Profesional.
Por otro lado, Alejandro Restrepo, Asesor del Dirección General del SENA, añadió: “Es fundamental para la reconversión productiva del territorio para construir con los jóvenes oportunidades distintas frente a temas económicos y construir una cultura de paz”.
Durante la ceremonia también se entregó un reconocimiento especial a la aprendiz Sandra Paredes, quien obtuvo el segundo lugar en las Olimpiadas Agropecuarias realizadas en Brasil, destacando el alto nivel de la formación y el talento presente en la región.
Estos avances son resultado de un trabajo articulado. Desde 2024, la alianza entre el SENA y la Alcaldía de Samaniego ha permitido consolidar oportunidades de formación y empleo para jóvenes, contribuyendo al desarrollo social y económico del municipio. En este marco, la Alcaldía entregó la sede donde funciona el SENA, así como la dotación de elementos de protección y materiales que fortalecen la formación práctica. Bernardo Chamorro Guevara, Director Regional Nariño, añadió: “hoy le decimos a Samaniego, a Nariño y a Colombia que así aportamos a la construcción de la paz territorial”
De igual manera, en articulación con la Alcaldía, el Ministerio de Minas y el Programa Mundial de Alimentos, se desarrolló previamente un proyecto piloto de reconversión laboral dirigido a personas que se dedicaban a la minería ilegal. Como resultado, se llevó a cabo un taller de joyería que benefició a 41 participantes.
Estos procesos también han contribuido al fortalecimiento de la mano de obra local calificada, promoviendo la permanencia del talento en el territorio. Un ejemplo de ello es la intervención en el Centro de Vida San José, cuya adecuación se realizó con la participación de aprendices del SENA.
Estas acciones se enmarcan en la apuesta institucional por la construcción de paz y el fortalecimiento del tejido social en territorios históricamente afectados por economías ilegales y contextos de violencia.
Pasto: El Secreto Mejor Guardado de los Andes Colombianos
Llegar a Pasto es, para muchos, un ejercicio de
descubrimiento. La capital de Nariño no se entrega a primera vista con el
bullicio de las grandes metrópolis; se revela despacio, entre el aroma a
barniz, el frío que baja del volcán y esa calidez humana que parece diseñada
para abrazar al forastero.
Como periodista que ha caminado sus calles de piedra y ha
contemplado sus abismos verdes, les propongo una ruta de análisis profundo por
esos lugares que no son solo "sitios para la foto", sino paradas
obligatorias para entender el alma del sur.
1. La Laguna de la Cocha: El Espejo del Alma Andina
A solo 40 minutos de la ciudad se encuentra el Humedal
Ramsar más importante del sur del país. El Encano, un corregimiento que
parece un trozo de Venecia trasplantado a los Andes, es la puerta de entrada.
El
análisis: No es solo un paseo en lancha. Visitar la Isla de La
Corota (el área protegida más pequeña de Colombia) es un acto de
reconexión. Al caminar por su sendero, se siente la humedad del bosque de
niebla y se comprende por qué esta laguna es sagrada para las comunidades
indígenas de la zona.
Imperdible:
Probar la trucha arcoíris en alguna de las cabañas de madera de "El
Puerto" antes de que caiga la neblina.
2. El Volcán Galeras: El Guardián Silencioso
Pasto es una de las pocas ciudades en el mundo que convive
en paz con un volcán activo. El Galeras no es una amenaza para el pastuso; es
su hito geográfico y espiritual.
El
análisis: Subir hacia los miradores de la vía al volcán permite
entender la topografía "quebrada" de Nariño. Desde allí, la
ciudad se ve como un pesebre incrustado en la montaña. Es el lugar ideal
para reflexionar sobre la resiliencia de un pueblo que ha florecido a la
sombra del fuego.
3. El Centro Histórico y la Ruta de los Templos
Pasto es conocida como la "Ciudad Teológica" de
Colombia, y no hace falta ser creyente para asombrarse con su arquitectura
religiosa.
Lugares
clave: La Iglesia de San Juan Bautista, la Catedral, y
especialmente el templo de San Felipe, con su imponente cúpula.
El
análisis: Al caminar por el centro, se debe prestar atención a las
fachadas republicanas. Aquí la historia se respira en cada esquina. No
deje de visitar el Museo del Carnaval, donde las figuras
monumentales de enero descansan para contarle al turista que la
creatividad pastusa no tiene límites.
4. El Taller de Barniz de Pasto (Mopa-Mopa)
Si busca el ADN de la ciudad, lo encontrará en las manos de
sus artesanos. El Barniz de Pasto es una técnica única en el mundo, donde la
resina de un árbol de la selva se transforma en finas láminas de colores para
decorar madera.
El
análisis: Ver a un maestro artesano estirar la resina con los dientes
y las manos es presenciar un saber milenario. Es Patrimonio de la
Humanidad por una razón: es la resistencia de la técnica manual frente a
la fabricación en serie. Visite los talleres de la calle 17 o los centros
artesanales de la ciudad.
5. El Santuario de Las Lajas (A dos horas de la ciudad)
Aunque está en Ipiales, nadie visita Pasto sin hacer el
peregrinaje hacia "el milagro de Dios sobre el abismo". Es, según
múltiples publicaciones internacionales, la iglesia más bella del mundo.
El
análisis: Su arquitectura neogótica sobre el cañón del río Guáitara
desafía la lógica. Es la unión perfecta entre la ambición humana y la
majestuosidad de la naturaleza. Es un lugar que, más allá de lo religioso,
impone un silencio respetuoso a cualquier viajero.
Una Reflexión Final para el Viajero
Visitar Pasto no es "ir de turismo"; es asistir a
una cátedra de identidad. El pastuso cuida su ciudad con un celo amoroso. Aquí,
el lujo no está en los grandes hoteles de cadena, sino en un hervido de lulo
bien caliente bajo la lluvia, en la conversación pausada de un abuelo en la
Plaza de Nariño o en el asombro ante una pieza de orfebrería.
Pasto es una ciudad para quienes buscan autenticidad en un
mundo cada vez más genérico.
Hoy, el Servicio Nacional de Aprendizaje – SENA celebra con profundo orgullo que una pieza icónica de la colección Raíz Dorada, creada por Hajsú Etnomoda, emprendimiento acompañado por el SENA y liderada por la maestra artesana Flor Imbacuan Pantoja, diseñadora indígena de la etnia de los Pastos, haya sido entregada como obsequio especial por el presidente Gustavo Petro a Donald Trump y Melania Trump, llegando así a la Casa Blanca como representación viva del arte ancestral colombiano.
“En representación de las 35 familias que conformamos Hajsú Etnomoda, nos sentimos profundamente agradecidas y orgullosas. Esta obra está hecha con mucho esfuerzo y dedicación, y en ella se refleja un símbolo de paz y resistencia de nuestros territorios. Que hoy se muestre en un escenario tan importante es un hecho histórico para Colombia y para nuestro país, porque busca generar alianzas para el desarrollo”, expresó la maestra artesana Flor Imbacuan Pantoja.
Detrás de cada hilo hay una historia de transformación. Hajsú Etnomoda está conformada por 35 mujeres artesanas, muchas de ellas víctimas de diferentes formas de violencia, quienes con el acompañamiento del SENA desde el 2015 decidieron unir sus manos para construir un proyecto de vida digno, sostenible y profundamente arraigado a su identidad cultural.
“Este no es solo un proyecto para hacer y vender ruanas. Es un proyecto que transforma vidas, que visibiliza nuestra tradición y que hoy es reconocido en Colombia y en el mundo. Cada día le ponemos el alma a nuestro trabajo para que sea un ícono del departamento de Nariño y del país”, expresó la maestra artesana.
Liliana Revelo Constain, instructora del área de diseño y calzado del SENA en Nariño, recuerda con orgullo ese proceso: “Nosotros no llegamos a enseñarles a tejer, porque ese saber viene de sus abuelas y de sus familias. Lo que hicimos fue acompañarlas para pulir acabados, fortalecer la calidad del producto y apoyar la construcción empresarial. Ver hoy a Flor y a su equipo en escenarios internacionales es como ver crecer a un hijo: es un motivo inmenso de orgullo”.
El tejido en guanga, técnica ancestral de los pueblos Pastos, conserva símbolos del sol, la luna, los paisajes y la cosmovisión indígena, transmitidos de generación en generación. Un arte totalmente manual que hoy dialoga con el mundo contemporáneo sin perder su esencia.
Para Flor Imbacuan Pantoja, el sueño continúa. Entre sus apuestas a mediano plazo está la creación de una escuela de transmisión de saberes, donde las nuevas generaciones encuentren en el territorio una fuente de empleo, identidad y orgullo, sin necesidad de abandonar sus raíces.
Desde el SENA en Nariño, instructores, funcionarios y directivos reiteran su compromiso de seguir apoyando iniciativas que fortalecen la economía campesina, la artesanía, la identidad cultural y la proyección internacional del talento colombiano.
Jesús es la expresión perfecta de Dios, Evangelio según San Juan
Comienzas escuchando un susurro que existía antes de todo.
Antes del tiempo, antes de la historia, antes incluso de que tú pudieras
nombrar el mundo. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el
Verbo era Dios” (Juan 1:1). No se te presenta primero un milagro, ni una
parábola, ni un nacimiento humilde, sino una revelación que te descoloca: Jesús
no empieza en Belén, empieza en la eternidad.
Tú lees y descubres que Juan no quiere solo que conozcas a
Jesús, quiere que lo contemples. No lo describe únicamente como un maestro,
sino como el Logos, la Palabra viva mediante la cual todo fue hecho. “Todas las
cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”
(Juan 1:3). Eso significa que tu propia existencia, tu respiración y tu
historia, están misteriosamente unidas a Él.
Aquí no estás frente a un personaje más de la Biblia. Estás
frente a Aquel que da sentido a la realidad. Jesús no solo habla de Dios: Jesús
es la expresión perfecta de Dios. Y Juan te obliga a detenerte, a mirar más
hondo, a entender que lo eterno decidió hacerse comprensible.
De pronto, la eternidad entra en lo cotidiano. “Y aquel
Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). No se mantuvo
distante. No se quedó en lo inalcanzable. Caminó, lloró, se cansó, amó. Tú no
adoras a un Dios lejano, sino a un Dios que se dejó tocar por la fragilidad
humana. La profundidad teológica se vuelve cercana, casi incómoda: el infinito
eligió la carne.
Juan te dice que en Jesús habita la gloria, pero no una
gloria ruidosa, sino una llena de gracia y verdad. Y ahí surge la primera gran
pregunta para ti: ¿qué haces con esa verdad cuando se te presenta no como una
idea, sino como una persona?
Porque Jesús no solo ilumina, Él revela. “En él estaba la
vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4). Una luz que no se
impone, pero tampoco se apaga. Una luz que entra en las tinieblas más profundas
de tu interior y permanece. Y Juan es claro: “La luz en las tinieblas
resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:5).
Tú descubres que creer en Jesús, según este evangelio, no es
solo aceptar una doctrina. Es pasar de la oscuridad a la luz. Es nacer de
nuevo. Es permitir que la vida eterna comience ahora, no después. “Mas a todos
los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser
hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Ya no eres solo espectador, eres llamado
hijo.
Juan no te presenta un Jesús que busca admiradores, sino
creyentes transformados. Cada línea te empuja a una decisión interior. Porque
si Jesús es el Verbo eterno, entonces no puedes quedarte neutral. Si Él es la
luz, algo en ti tendrá que revelarse.
Y justo cuando crees haber entendido quién es Jesús desde el
cielo, el relato comienza a llevarte hacia la tierra, hacia los primeros
encuentros, hacia las miradas que se cruzan y las palabras que cambian
destinos. Ahí, en lo cotidiano, esa Palabra eterna empieza a llamar por nombre…
y pronto descubrirás que también te llama a ti.
Escuchas cómo esa llamada se vuelve personal. Jesús no
irrumpe con discursos largos, sino con una invitación sencilla que atraviesa el
alma: “Ven y ve” (Juan 1:39). No te exige primero entenderlo todo, te invita a
caminar con Él. Así comienza la fe según Juan: no como una teoría, sino como
una experiencia que se vive paso a paso.
Tú observas cómo quienes lo encuentran empiezan a decir algo
sorprendente: “Hemos hallado al Mesías” (Juan 1:41). No porque Jesús lo
proclame de inmediato, sino porque su sola presencia revela quién es. Juan
quiere que comprendas que Jesús no se define solo por lo que dice, sino por lo
que despierta en quienes se acercan a Él.
Entonces aparece una afirmación que cambia tu forma de mirar
a Dios. Jesús no solo conoce al ser humano, lo conoce por dentro. “Antes que
Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi” (Juan 1:48).
Nada en ti le es ajeno. Y lejos de juzgarte, ese conocimiento profundo se
convierte en promesa: “Cosas mayores que estas verás” (Juan 1:50).
Aquí Juan comienza a elevar nuevamente la mirada. Jesús
habla del cielo abierto, de ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo del
Hombre. No estás frente a un simple mediador; estás frente al punto de
encuentro entre el cielo y la tierra. En Jesús, Dios y la humanidad se abrazan.
Y cuando crees que todo quedará en palabras elevadas, el
relato te lleva a una boda, a tinajas vacías, a agua común. Ahí, sin anuncios
grandiosos, Jesús manifiesta su gloria. “Este principio de señales hizo Jesús…
y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él” (Juan 2:11). La
teología más profunda se esconde en un gesto sencillo: transformar lo ordinario
en algo nuevo.
Tú empiezas a entender que los signos no son el fin. Son
ventanas. Cada milagro apunta a algo mayor, a una identidad que se revela poco
a poco. Jesús no busca impresionar, busca que creas. Y creer, en el Evangelio
de Juan, significa confiar tu vida entera.
Pero esa confianza no tarda en generar tensión. Jesús entra
al templo y lo sacude todo. “Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi
Padre casa de mercado” (Juan 2:16). Descubres que Él no solo consuela, también
confronta. Porque si Jesús es verdaderamente el Hijo, entonces tiene autoridad
sobre lo sagrado, sobre las estructuras, incluso sobre tus seguridades.
Cuando habla de destruir el templo y levantarlo en tres
días, no todos entienden. Juan aclara: “Mas él hablaba del templo de su cuerpo”
(Juan 2:21). Aquí la revelación se vuelve aún más profunda: el lugar definitivo
del encuentro con Dios ya no es un edificio, es una persona. Jesús mismo.
Y mientras muchos creen por las señales, Jesús mira el
corazón. “Él conocía lo que había en el hombre” (Juan 2:25). Tú no puedes
esconderte detrás de apariencias. El evangelio comienza a prepararte para un
diálogo íntimo, nocturno, decisivo. Un encuentro donde se hablará de nacer de
nuevo, de espíritu y de vida… y donde la pregunta ya no será quién es Jesús,
sino quién estás dispuesto a ser delante de Él.
La noche se vuelve el escenario del siguiente encuentro. Un
hombre religioso, respetado, lleno de certezas, se acerca a Jesús en silencio.
Y tú escuchas palabras que desarman toda seguridad humana: “De cierto, de
cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”
(Juan 3:3). No se trata de saber más, sino de volver a empezar.
Juan te conduce al corazón de la revelación: Jesús no vino
solo a enseñar, vino a dar vida desde lo alto. “Lo que es nacido del Espíritu,
espíritu es” (Juan 3:6). Aquí comprendes que la fe no es una herencia ni una
tradición; es una transformación interior que nadie puede hacer por ti.
Entonces resuena una de las frases más conocidas, pero
también más profundas: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a
su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Tú no eres amado de manera genérica. Eres amado
al punto de que Dios se entrega a sí mismo. Jesús no es un plan alternativo: es
la expresión máxima del amor divino.
Juan es claro: Jesús no vino a condenarte, vino a salvarte.
Pero la luz obliga a decidir. “La luz vino al mundo, y los hombres amaron más
las tinieblas que la luz” (Juan 3:19). No porque la luz sea débil, sino porque
revela. Creer en Jesús es dejar que tu vida sea expuesta, sanada y renovada.
A partir de aquí, el evangelio se abre a encuentros
inesperados. Jesús cruza fronteras religiosas y culturales, y tú lo sigues
hasta Samaria. Allí, junto a un pozo, una mujer cargada de historia escucha
palabras que nadie le había dicho: “Si conocieras el don de Dios… él te daría
agua viva” (Juan 4:10). Jesús se revela como Aquel que sacia la sed más
profunda del alma.
Tú descubres que Jesús no evita las heridas humanas, las
nombra. “Todo lo que has hecho” (Juan 4:18), le dice, no para humillarla, sino
para liberarla. Aquí la teología se vuelve misericordia. El Mesías se revela
primero a una mujer marginada, mostrando que la verdad no excluye, sino que
restaura.
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en
verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Ya no se trata de lugares
sagrados, sino de corazones despiertos. Jesús redefine la relación con Dios, y
tú entiendes que adorar es vivir alineado con la verdad revelada en Él.
Cuando los discípulos regresan, Jesús habla de un alimento
distinto. “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió” (Juan 4:34). Su
identidad está unida a su misión. Él es el enviado, el Hijo que revela al Padre
no solo con palabras, sino con obediencia y amor.
Y mientras muchos comienzan a creer no por señales, sino por
su palabra, el evangelio se prepara para mostrarte algo más inquietante: la luz
sigue brillando, pero no todos la reciben. Pronto verás cómo la vida que Jesús
ofrece provoca división, resistencia y conflicto… porque cuando Dios se hace
cercano, nadie puede permanecer indiferente.
La tensión comienza a crecer. Jesús devuelve la vida a un
hombre enfermo desde hace treinta y ocho años, y lo hace en sábado. Lo que para
ti es compasión, para otros es escándalo. Y entonces Jesús pronuncia palabras
que sacuden los cimientos de toda teología conocida: “Mi Padre hasta ahora
trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). No se coloca junto a Dios como un siervo
más, se coloca a su misma altura.
Juan te lo dice sin rodeos: por estas palabras querían
matarlo, “porque decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”
(Juan 5:18). Aquí el evangelio deja claro quién es Jesús. No un reformador
religioso, no un profeta excepcional, sino el Hijo que comparte la obra y la
autoridad del Padre.
Jesús habla, y tú escuchas una de las revelaciones más
profundas: “Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo
el tener vida en sí mismo” (Juan 5:26). La vida no es algo que Jesús recibe
ocasionalmente; la vida brota de Él. Por eso su voz despierta, sana y resucita.
Pero no se trata solo de poder. Se trata de relación. Jesús
no actúa separado del Padre. “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo
que ve hacer al Padre” (Juan 5:19). Aquí descubres que el corazón de Dios es
comunión, entrega mutua, amor que se expresa en acción.
Juan te enfrenta a una pregunta incómoda: ¿a quién crees
realmente? “Escudriñáis las Escrituras… y ellas son las que dan testimonio de
mí” (Juan 5:39). Puedes conocer textos sagrados y aun así perderte a Aquel de
quien hablan. La fe no es acumular conocimiento, es reconocer al que está
delante de ti.
Luego, en un lugar desierto, Jesús toma lo poco y lo
multiplica. Pan partido, manos que dan, multitudes saciadas. Pero Juan te
invita a mirar más allá del milagro. “No me buscáis porque habéis visto las
señales, sino porque comisteis el pan” (Juan 6:26). Jesús no quiere seguidores
atraídos solo por beneficios temporales.
Entonces pronuncia palabras que penetran hondo: “Yo soy el
pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre” (Juan 6:35). Aquí Jesús no
ofrece algo distinto a Él mismo. Él es el don. Él es el sustento. Creer es
alimentarte de su presencia, de su palabra, de su vida entregada.
Muchos retroceden. El mensaje es demasiado radical. Comer su
carne, beber su sangre, participar de su vida. Y tú sientes el peso de esa
decisión cuando Jesús pregunta: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Juan
6:67). No obliga a nadie. Solo revela quién permanece cuando la fe deja de ser
cómoda.
Pedro responde por todos los que han entendido algo
esencial: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan
6:68). Y ahí comprendes que el Evangelio de Juan no te empuja a una emoción
pasajera, sino a una adhesión total.
Pero la historia no se detiene. La revelación avanza, y
Jesús comenzará a hablar de sí mismo como la luz que ilumina toda oscuridad. Y
cuando la luz se enciende, las sombras reaccionan… porque lo que viene ahora no
solo mostrará quién es Jesús, sino quién eres tú cuando Él se acerca demasiado.
Jesús se presenta ahora en medio de una fiesta llena de
luces, símbolos y promesas antiguas. Y allí declara algo que no deja espacio
para la ambigüedad: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en
tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). No dice que trae
luz, dice que Él es la luz. Todo se redefine desde su presencia.
Tú escuchas cómo esa luz no solo ilumina el camino, también
revela el corazón. Frente a una mujer acusada, Jesús no ignora el pecado, pero
tampoco condena. “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar
la piedra” (Juan 8:7). La verdad que Él encarna no destruye, libera. Y cuando
todos se van, queda una palabra que sana: “Ni yo te condeno; vete, y no peques
más” (Juan 8:11).
Aquí entiendes que la identidad de Jesús está
inseparablemente unida a la misericordia. La luz no humilla, rescata. Pero esa
misma luz confronta las mentiras más profundas. Jesús afirma: “Conoceréis la
verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). No se trata de información, se
trata de una persona que rompe cadenas.
Entonces Jesús lleva la revelación a su punto más alto.
“Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Tú reconoces el eco del nombre
divino revelado a Moisés. No es solo una afirmación de antigüedad, es una
declaración de eternidad. Jesús se identifica con el Ser eterno. Por eso
quieren apedrearlo. Han entendido perfectamente lo que está diciendo.
Pero la luz sigue avanzando. Un hombre ciego de nacimiento
comienza a ver. Y no solo con los ojos. “Una cosa sé, que habiendo yo sido
ciego, ahora veo” (Juan 9:25). La señal se convierte en revelación: Jesús no
solo da vista física, da visión espiritual. Y quienes creen ver, quedan
expuestos en su ceguera.
Jesús entonces se presenta como el Buen Pastor. “Yo soy el
buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). No
gobierna desde lejos. Conoce, llama por nombre, protege. Y aquí la teología se
vuelve profundamente personal: eres conocido, eres buscado, eres amado.
La unidad entre Jesús y el Padre se expresa sin rodeos: “Yo
y el Padre uno somos” (Juan 10:30). No es una metáfora. Es comunión perfecta.
Por eso su voz tiene autoridad, por eso su entrega tiene poder salvador.
Y justo cuando esta identidad parece completamente revelada,
la muerte entra en escena de forma inevitable. Un amigo amado yace en una
tumba. El silencio pesa. Pero Juan te prepara para una de las declaraciones más
audaces jamás pronunciadas. Porque frente a la muerte, Jesús no ofrecerá
consuelo abstracto… ofrecerá algo mucho más grande.
El dolor tiene nombre y rostro. Jesús ama, y por eso llora.
Frente a la tumba de Lázaro no se muestra indiferente ni distante. “Jesús
lloró” (Juan 11:35). En esas dos palabras descubres algo esencial: el Verbo
eterno también comparte tu sufrimiento. La profundidad teológica se vuelve
ternura humana.
Pero el llanto no es el final. Jesús pronuncia una de las
declaraciones más decisivas de todo el evangelio: “Yo soy la resurrección y la
vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). No habla de
un evento futuro solamente. Se presenta a sí mismo como la fuente misma de la
vida que vence a la muerte.
Cuando ordena: “Lázaro, ven fuera” (Juan 11:43), la muerte
obedece. Y tú entiendes que la voz que creó el mundo es la misma que llama
desde la tumba. Aquí Juan revela con claridad: Jesús tiene autoridad sobre el
último enemigo. Pero ese poder también sella su destino. Desde ese momento,
deciden matarlo.
La luz ha brillado demasiado. Ahora la oscuridad conspira.
Jesús entra en Jerusalén, no como un conquistador armado, sino como un rey
humilde. “He aquí, tu Rey viene” (Juan 12:15). Y aun así, muchos no entienden.
Juan lo dice con dolor: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan
1:11).
Antes de que la noche avance, Jesús habla de gloria de una
forma inesperada. “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda
solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). La cruz no será un
fracaso, será el camino. La muerte no será derrota, será entrega fecunda.
Y cuando llega la hora, Jesús se levanta de la mesa, se ciñe
una toalla y lava los pies de sus discípulos. El Maestro se hace siervo. “Si
yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis
lavaros los pies los unos a los otros” (Juan 13:14). Aquí comprendes que la
verdadera gloria de Dios es el amor que se inclina.
Jesús no deja un sistema, deja un mandamiento nuevo: “Que os
améis unos a otros; como yo os he amado” (Juan 13:34). No cualquier amor. Un
amor que se entrega, que permanece, que da la vida. Ese amor será la señal
visible de su presencia en el mundo.
La noche avanza. El corazón se inquieta. Jesús lo sabe y te
habla directamente: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también
en mí” (Juan 14:1). Ahora, cuando todo parece desmoronarse, Él te invita a
confiar más profundamente que nunca.
Porque lo que viene no será solo despedida. Será promesa.
Será presencia invisible pero real. Y pronto escucharás palabras que
redefinirán para siempre tu relación con Dios… palabras sobre camino, verdad y
vida.
En medio de la inquietud, Jesús pronuncia palabras que no
compiten con otras opciones, las superan: “Yo soy el camino, y la verdad, y la
vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). No te señala un mapa, se
ofrece a sí mismo. La relación con Dios ya no pasa por ritos o méritos, pasa
por una persona viva.
Tú descubres que conocer a Jesús es conocer al Padre. “El
que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Aquí la teología alcanza
una claridad deslumbrante: Dios no es un misterio inaccesible, es un rostro que
se deja contemplar en Cristo. Todo lo que Dios es, se expresa en Él.
Pero Jesús no habla solo de irse, habla de quedarse de otra
forma. Promete el Espíritu. “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan
14:18). La presencia de Dios ya no estará limitada a un lugar o a un tiempo.
Vivirá dentro de ti. La comunión se vuelve interior, permanente.
Jesús se describe como la vid verdadera. “Yo soy la vid,
vosotros los pámpanos” (Juan 15:5). No se trata de esforzarte por producir
vida, sino de permanecer unido a Él. La vida fluye cuando hay comunión.
Separado de Él, todo se seca. Unido a Él, todo da fruto.
Y vuelve al centro: el amor. “Nadie tiene mayor amor que
este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Jesús ya no te llama
siervo, te llama amigo. La relación se transforma. Ya no obedeces por miedo,
sino por amor compartido.
Pero ese amor no será aplaudido por todos. Jesús es honesto
contigo. “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me aborreció antes que a
vosotros” (Juan 15:18). Seguirlo implica permanecer en la verdad aun cuando
incomode. La luz sigue brillando, aunque duela a los ojos acostumbrados a la
sombra.
El Espíritu vendrá como testigo. “Él dará testimonio acerca
de mí” (Juan 15:26). No estarás solo. La verdad no dependerá de tu fuerza, sino
de la presencia de Dios actuando en ti. La fe se vuelve misión.
Jesús habla de tristeza, pero también de gozo. “Vuestra
tristeza se convertirá en gozo” (Juan 16:20). El dolor no tendrá la última
palabra. Hay una alegría que nadie podrá quitarte, porque nace de la victoria
que está por venir.
Y entonces Jesús levanta los ojos al cielo y ora. No solo
por sus discípulos de entonces, sino por ti. “Para que todos sean uno” (Juan
17:21). La unidad no es estrategia humana, es reflejo de la comunión divina. Tú
eres incluido en esa oración eterna.
La noche está llegando a su punto más oscuro. Las palabras
se han dicho. El amor se ha entregado. Ahora el Verbo eterno caminará hacia la
cruz. Y lo hará no como una víctima confundida, sino como Aquel que sabe
exactamente quién es… y por qué vino.
La oscuridad finalmente avanza, pero no toma a Jesús por
sorpresa. Él se entrega. Cuando los soldados caen al suelo al escuchar “Yo soy”
(Juan 18:6), tú entiendes algo decisivo: nadie le quita la vida, Él la da.
Incluso en el arresto, su identidad divina permanece intacta.
Ante Pilato, Jesús no se defiende como un acusado común.
Declara: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo: para dar
testimonio de la verdad” (Juan 18:37). No es un rey político, es un Rey cuya
soberanía se ejerce desde la verdad. Y tú quedas frente a la misma pregunta
implícita: ¿qué harás tú con esa verdad?
La cruz se levanta, y Juan quiere que mires con atención.
Jesús no muere como alguien derrotado. Desde la cruz, sigue revelando quién es.
“Tengo sed” (Juan 19:28) muestra su humanidad plena; “Consumado es” (Juan
19:30) revela su misión cumplida. No es un final trágico, es una obra
completada. Todo lo que vino a hacer, lo ha hecho.
El Verbo que estaba en el principio ahora guarda silencio en
una tumba. Pero ese silencio no es vacío. Es espera. Es promesa contenida. Y al
amanecer del primer día, María Magdalena escucha su nombre pronunciado con
amor: “¡María!” (Juan 20:16). El Resucitado no vuelve con discursos grandiosos,
vuelve llamando por nombre.
La muerte ha sido vencida. “¿Por qué lloras?” (Juan 20:15)
pregunta Jesús, porque el llanto ya no tiene la última palabra. Tú descubres
que la resurrección no es solo un evento histórico, es una nueva forma de
vivir. El Viviente sigue acercándose a los suyos.
A Tomás, lleno de dudas, Jesús no lo rechaza. Le ofrece sus
heridas. “No seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27). Aquí el Evangelio de
Juan alcanza su cumbre: creer no es negar las heridas, es reconocerlas como
signos de amor entregado.
Y entonces se pronuncian las palabras que resumen todo el
camino recorrido: “Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el
Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan
20:31). No es solo un relato, es una invitación viva.
Ahora sabes quién es Jesús según Juan: el Verbo eterno, la
luz verdadera, el pan de vida, el buen pastor, la resurrección y la vida. Y la
pregunta final no es teológica, es personal. Porque este evangelio no termina
en un libro… continúa en lo que tú decidas hacer con Él.
El relato parece haber llegado a su culmen, pero Juan no se
detiene ahí. La fe no termina en la confesión, continúa en la vida cotidiana.
El Resucitado vuelve a aparecer junto al mar, en una escena sencilla, casi
silenciosa. Redes vacías, una noche sin resultados, cansancio acumulado. Y
entonces, desde la orilla, una voz conocida: “Echad la red a la derecha de la
barca” (Juan 21:6). La obediencia vuelve a abrir el camino de la abundancia.
Tú reconoces un patrón profundo: Jesús resucitado sigue
manifestándose en lo ordinario. No solo en momentos gloriosos, sino en el
trabajo, en el esfuerzo, en la rutina. Y cuando el discípulo amado dice “Es el
Señor” (Juan 21:7), entiendes que la fe madura es la que aprende a reconocerlo
incluso cuando no es evidente.
En la orilla hay fuego, pan y pescado. Jesús sigue siendo el
que alimenta. No reprocha, no interroga a todos, se dirige a uno que cayó
profundamente. Pedro escucha la misma pregunta, repetida con amor: “¿Me amas?”
(Juan 21:15). No le pregunta si entiende la teología, si aprendió la lección,
si ya no fallará. Le pregunta por el amor. Porque en el Evangelio de Juan, el
amor es la medida de todo.
Cada respuesta abre una misión: “Apacienta mis ovejas”. Tú
descubres que creer en Jesús no es solo contemplarlo, es participar de su
cuidado por otros. La revelación se convierte en envío. La experiencia se
transforma en responsabilidad.
Juan cierra su evangelio recordándote que Jesús hizo muchas
más cosas de las que se han escrito. “Si se escribieran una por una, pienso que
ni aun en el mundo cabrían los libros” (Juan 21:25). No porque falte
información, sino porque la vida con Cristo no cabe en páginas. Continúa
desplegándose en la historia.
Y ahí quedas tú. No como un espectador del pasado, sino como
alguien situado en el presente de esa revelación. El Verbo sigue hablando. La
luz sigue brillando. La vida sigue siendo ofrecida.
Porque el Evangelio de Juan no fue escrito solo para que
sepas quién es Jesús, sino para que creas… y creyendo, vivas.
Entonces el silencio queda lleno de sentido. No hay más
escenas que narrar, porque ahora la historia se cruza con la tuya. Todo lo que
has escuchado —el Verbo eterno, la luz verdadera, el pan de vida, el Buen
Pastor, la cruz y la tumba vacía— no fue revelado para quedarse en palabras
hermosas, sino para provocar una respuesta.
Juan te ha llevado paso a paso a una convicción central:
Jesús no es solo alguien a quien admirar, es alguien a quien creerle. Creerle
cuando dice “Yo soy”, creerle cuando promete vida, creerle cuando te llama por
tu nombre, creerle cuando te envía a amar como Él amó.
Ahora comprendes que la profundidad teológica del Evangelio
de Juan no busca confundirte, sino llevarte a lo esencial. Todo converge en una
decisión íntima y silenciosa. La misma que resonó junto al lago, en la noche,
en la cruz, y en la mañana de resurrección.
La pregunta permanece abierta, viva, actual. No es qué sabes
de Jesús, sino qué harás con Él. Porque la luz ya ha brillado. La Palabra ya se
ha hecho carne. La vida ya ha sido ofrecida.
Y ese ofrecimiento… sigue siendo para ti.
La invitación queda suspendida, como un eco que no se apaga.
No hay un cierre abrupto, porque el Evangelio de Juan nunca fue pensado como un
final, sino como un comienzo. Tú ya has visto lo suficiente. Has oído lo
esencial. Ahora sabes que Jesús no pide admiración distante, pide confianza
viva.
Él sigue siendo el Verbo que estaba en el principio, pero
también el Señor que se acerca a tu orilla. Sigue siendo luz que revela, verdad
que libera, vida que vence a la muerte. Y sigue preguntando, sin alzar la voz,
sin imponer nada: ¿me amas?, ¿confías en mí?, ¿permanecerás?
Creer, según Juan, no es un acto momentáneo. Es una relación
que se renueva cada día. Es permanecer cuando no hay señales, seguir cuando el
camino no es claro, amar cuando resulta costoso. Es dejar que la vida eterna
comience ahora, en tu manera de vivir, de perdonar, de esperar.
El Evangelio no se cierra con un “fin”, porque la Palabra
sigue hablando. Y si has llegado hasta aquí, no es casualidad. Tal vez, incluso
ahora, esa voz eterna vuelve a pronunciar tu nombre… y te invita, una vez más,
a vivir desde la luz.
Y así, sin ruido, sin imposiciones, todo queda en tus manos.
Juan no te empuja, te acompaña hasta el borde de la decisión. Te muestra a
Jesús tal como es: Dios hecho carne, amor hecho entrega, verdad que no se
negocia y vida que no se agota.
Ahora sabes que seguir a Jesús no significa tener todas las
respuestas, sino confiar en Él incluso cuando las preguntas permanecen.
Significa caminar en la luz, aun cuando las sombras intenten volver. Significa
creer que la muerte no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte, que
la vida eterna ya ha comenzado.
El Evangelio de Juan no termina con una orden, termina con
una invitación silenciosa. La misma que resonó al inicio: “Ven y ve”. Porque
Jesús sigue siendo el camino. Sigue siendo la verdad. Sigue siendo la vida.
Y la historia… continúa contigo.
Entonces no queda nada más por añadir, porque todo ha sido
dicho desde el principio. El Verbo eterno se ha revelado, la luz ha brillado,
la vida ha sido ofrecida sin reservas. Juan te ha llevado hasta aquí para que
comprendas que la fe no es un concepto que se entiende, sino una vida que se
recibe.
Jesús sigue siendo quien es, aunque el mundo cambie. Sigue
siendo presencia en medio de la duda, paz en medio del temor, sentido en medio
del ruido. No promete ausencia de dolor, promete compañía. No promete caminos
fáciles, promete estar contigo en cada paso.
Creer en Él es vivir desde esa certeza: no estás solo, no
estás perdido, no estás fuera del amor de Dios. La Palabra se hizo carne por
ti. Murió por ti. Vive para ti.
Y ahora, sin más palabras, el Evangelio guarda silencio…
para que seas tú quien responda con tu vida.