Caminar por las calles de Pasto es encontrarse con una ciudad que respira historia en cada esquina. Pero hay algo que une a los pastusos más allá del cuy o del Carnaval: los acordes de su himno. No es solo una canción patria; es un código de identidad que, curiosamente, guarda secretos que muchos ignoran mientras se llevan la mano al pecho.
Un canto que nació del "ruido" de la guerra
Lo primero que debemos entender es que el himno de San Juan
de Pasto no es una pieza romántica, es una marcha de reafirmación. Fue
compuesto en un contexto donde la ciudad buscaba definir su lugar en la
historia colombiana. La letra, escrita por el destacado poeta Dr. Alberto
Montezuma Hurtado, y la música, obra del maestro Luis E. Nieto,
forman un binomio que evoca tanto la bravura del Galeras como la hidalguía de
su gente.
Las curiosidades detrás de los versos
Investigando en los anaqueles de la historia local, saltan a
la vista detalles que parecen sacados de una novela:
- La
"herencia española" en debate: A diferencia de otros himnos
que celebran la ruptura con España, el de Pasto reconoce esa raíz. El Banco
de la República, en sus investigaciones sobre la identidad nariñense,
destaca cómo Pasto mantuvo una fidelidad única a la corona durante la
independencia, un matiz que la letra de Montezuma Hurtado maneja con una
elegancia casi diplomática.
- El
lenguaje de los "Leones": En varios textos de la época
recopilados en antiguos diarios como El Derecho, se menciona que la
intención era sacudirse el estigma de la "terquedad" pastusa
para transformarlo en "lealtad y valor". Como bien cita el libro
Pasto: Historia y Cultura, el himno busca elevar el orgullo del
"pueblo que no se rinde".
- Un
ritmo que se siente en los pies: La música del maestro Nieto tiene una
cadencia que, aunque marcial, roza la sensibilidad del pasillo y el
bambuco. Es un himno que se puede marchar, pero que se siente como un
susurro de la cordillera.
El Himno de San Juan de Pasto
CORO
¡Salve, oh Pasto, ciudad de los sueños!
¡Salve, oh tierra de luz y de amor!
En tu cielo los astros son dueños,
y en tu suelo florece el honor.
I
De los Andes surgiste, gallarda,
con la fe por escudo y blasón;
en tu entraña la gloria se guarda,
y es un himno tu voz de león.
II
Bajo el ala del viejo Galeras,
que es tu eterno y fiel centinela,
vas tejiendo tus nuevas banderas
con el alma que el triunfo anhela.
III
Noble y libre, por siempre serás,
luz de América, estrella de oriente,
que en la paz y en la guerra darás
un ejemplo de pueblo valiente.
¿Por qué nos sigue conmoviendo?
El análisis profundo de esta pieza nos revela que no es un
texto estático. Al leerlo hoy, la mención al "viejo Galeras" ya no es
solo geográfica, es emocional. El volcán no es una amenaza, es el
"centinela" que cuida la casa.
Como bien señalan las crónicas del Banco de la República,
la música en Nariño es un hilo conductor de la resistencia cultural. El himno
de Pasto es la prueba de que una ciudad puede reconocer sus contradicciones,
abrazar su pasado y cantar hacia el futuro con la frente en alto. Es, en
esencia, el sonido de una identidad que se niega a ser olvidada.
¿Te gustaría que profundizara en la biografía del maestro
Luis E. Nieto o que analicemos algún otro símbolo de la ciudad?
