Ser nariñense es un orgullo que se lleva en el alma (las razones sobran)

Hay un dicho popular que resuena con fuerza entre nuestras cordilleras y costas del departamento de Nariño: “El nariñense no nace en cualquier parte, nace donde la tierra ruge y el talento sobra” o como diría la canción, “No se nace en vano al pie de un volcán”.


Quienes hemos tenido la dicha de nacer y vivir en este rincón del sur de Colombia, en cualquiera de los municipios de Nariño, es pertenecer a un territorio de contrastes mágicos, donde el frío de los Andes se abraza con el calor del Pacífico, y donde cada habitante lleva en las venas una herencia de dignidad, creatividad y resiliencia, de resistencia.

Si usted nació, creció, vivió o dejó su corazón en esta hermosa tierra, sabe perfectamente de qué estamos hablando.

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Po eso, hoy, en esta publicación, presentamos las razones de peso que nos hacen inflar el corazón y gritar con orgullo: ¡Soy de Nariño!

Ser nariñense es un orgullo que se lleva en el alma

1. El ingenio y la maestría que deslumbran al mundo

El talento de nuestras manos no tiene fronteras. Nariño es cuna de artesanos excelsos que transforman la materia prima en pura poesía visual.


Por enumeran algunas:

El Barniz de Pasto (Mopa-Mopa): Una técnica única en el planeta, de origen prehispánico, que ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ver cómo la resina de un árbol de la selva se convierte en obras de arte milimétricas es un verdadero milagro creativo.

Los grandes maestros: Desde los talladores de madera y los expertos en el repujado en cuero, hasta los escultores que cada año desafían la gravedad en el majestuoso Carnaval de Negros y Blancos.

2. La fiesta que nos une: El Carnaval de Negros y Blancos

Si hay algo que define el alma festiva, pacífica y comunitaria del nariñense es nuestro Carnaval. Cada enero, San Juan de Pasto y los municipios vecinos se convierten en un lienzo colectivo donde no existen las clases sociales ni las diferencias.

La majestuosidad de las carrozas, el juego limpio con cosmético y talco, la música de las murgas y el grito unísono de ¡Viva el Pasto Carajo! demuestran que sabemos celebrar la vida con respeto, arte y una alegría desbordante que contagia a todo el que nos visita.

3. Un festín para el paladar: Identidad gastronómica

La cocina y la gastronomía diversa de Nariño no se parece a ninguna otra en Colombia. Comer en nuestra tierra es un acto de amor por las raíces y la soberanía alimentaria. Sentimos un orgullo profundo por:

El cuy asado, el crujiente frito pastuso y las inigualables empanadas de añejo.

Las sopas tradicionales que calientan el alma bajo el frío andino, como el locro y la sopa de cebada o conocida en el sector rural: “la chara”.

Nuestra cultura cafetera, que produce algunos de los cafésespeciales de alta montaña más premiados y apetecidos en el mercado internacional gracias a la riqueza de nuestros suelos volcánicos.

4. Una geografía sagrada: Del Galeras al Pacífico

Pocos departamentos pueden jactarse de tener una diversidad natural tan imponente. El nariñense ama y respeta su entorno porque vive rodeado de santuarios:

El imponente Volcán Galeras, guardián de piedra que vigila nuestro día a día.

La majestuosa Laguna de la Cocha, un espejo de agua místico que invita a la calma.

El Santuario de Las Lajas en Ipiales, catalogado con orgullo como uno de los templos más bellos del mundo, desafiando el abismo del río Guáitara.

Nuestros valiosos ecosistemas de manglar en la costa pacífica, pulmones de biodiversidad y vida comunitaria.

5. El valor de la gente: Nobleza y berraquera

Por encima de los paisajes y la comida, el mayor orgullo de Nariño es su gente. El nariñense es reconocido en todo el país por ser una persona trabajadora, honesta, sumamente culta, hospitalaria y con una resiliencia inquebrantable. Somos un pueblo que ante las dificultades responde con propuestas, con estudio, con arte y con una sonrisa amable para el visitante.

Ahora, un gesto de amor por Nariño ¡Hagamos viral nuestro orgullo!

Ser nariñense es un privilegio que no se puede ocultar. Si se te erizó la piel al leer esto, si extrañas tu tierra desde la distancia, o si simplemente te sientes bendecido de vivir bajo el cielo del sur... ¡No te quedes con este sentimiento!

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¡Que se escuche fuerte el Viva el Pasto, Carajo!

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