Hay una frase que todo aquel que lleva el sur en el corazón ha pronunciado alguna vez con un nudo de orgullo en la garganta: “Nariño es donde el verde es de todos los colores”.
No se trata de un simple eslogan turístico ni una frase hecha para adornar postales; es un código de identidad, un secreto a voces que compartimos quienes hemos contemplado la majestuosidad de nuestro paisaje andino y nos hemos dejado conmover por su magia.
Pero, ¿por qué esta tierra bendita ostenta con tanta
justicia ese título?
Para entenderlo, hay que desmenuzar los argumentos que hacen
de nuestra geografía un milagro visual, guiados por la sensibilidad del más grande poeta de Nariño.
El origen de la magia: La herencia de Aurelio Arturo
Para explicar la complejidad de nuestro paisaje, es
obligatorio acudir a las letras de Aurelio Arturo, el célebre poeta nacido en
La Unión, Nariño. En su obra cumbre, Morada al sur, Arturo logró capturar la
esencia misma de nuestra tierra a través de versos que parecen pintados con la
luz de nuestras montañas.
Fue él quien, con una sensibilidad única, inmortalizó la
relación del hombre del sur con su entorno al escribir:
"En las noches mestizas que subían de la hierba, /
jóvenes caballos, sombras bellas, nos amaban, / y el verde de la tierra era de
todos los colores".
Arturo no recurrió a una metáfora vacía. El poeta entendió
que en Nariño el color verde deja de ser una simple tonalidad para convertirse
en un multiverso cromático, un espejo de la diversidad y la riqueza de nuestro
territorio.
Tres argumentos que explican nuestro "verde de todos los colores"
Quienes amamos profundamente a Nariño sabemos que la poesía
de Aurelio Arturo se materializa ante nuestros ojos todos los días a través de
realidades muy concretas:
1. El minifundio y el "tapiz de retazos"
A diferencia de las llanuras monótonas de otras regiones, la
geografía andina de Nariño está profundamente marcada por el minifundio. El
trabajo de nuestros campesinos ha esculpido las faldas de las cordilleras,
creando un impresionante "tapiz de retazos".
Cada parcela es un mundo propio: el verde tierno de un
cultivo de papa recién nacido, el verde azulado de las siembras de cebolla, el
verde oscuro de los pastizales y el dorado-verdoso del trigo o la cebada listos
para la cosecha. Contemplar las montañas de Nariño es ver un lienzo vivo donde
coexisten infinitas tonalidades al mismo tiempo.
2. La transición climática: De la nieve al manglar
Nariño posee una de las transiciones altitudinales más abruptas y ricas del país.
En unas pocas horas de viaje, se puede pasar del
verde pálido, casi grisáceo, de los frailejones en nuestros páramos
altoandinos, al verde esmeralda y profundo de los valles cafeteros de alta
montaña. Y si descendemos hacia la costa pacífica, el paisaje se transforma en
el verde denso, húmedo y vibrante de nuestros ecosistemas de manglar. Nuestra
geografía no tiene un solo verde porque alberga todos los climas posibles.
3. La luz andina y el rugido de la tierra
La atmósfera de Nariño está condicionada por la altitud y la presencia de nuestros guardianes volcánicos. Bajo el cielo del sur, la luz del sol se filtra de una manera particular a través de las nubes, haciendo que una misma montaña cambie de color a lo largo del día.
El verde de la mañana es
brillante y esperanzador; el del mediodía es imponente y seco; y el de la
tarde, cuando el sol se oculta tras el Volcán Galeras, se tiñe de matices
violáceos y oscuros. La tierra ruge, la luz cambia y el paisaje se reinventa a
cada hora.
Un mensaje para los que llevamos el Sur en el alma
Decir que en Nariño el verde es de todos los colores es, en
el fondo, hablar de nuestra propia identidad. Somos una región diversa, un
pueblo que ha aprendido a florecer en la adversidad, combinando la nobleza y la
berraquera de nuestra gente valiente.
Este mensaje es un llamado a la memoria y al arraigo. Si
usted comprende la profundidad de estas palabras, si ha sentido la imponencia
de nuestras montañas y si la poesía de Aurelio Arturo le resuena en el pecho,
guarde este orgullo y compártalo con el mundo. Porque ser nariñense es, ante
todo, llevar un universo de colores en el alma.
Si te identificas con este paisaje y sientes orgullo por la
tierra del sur, comparte esta nota y mantengamos viva la herencia de nuestros
poetas y campesinos.
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