Actualmente, nuestra infancia no tiene precio porque no volverá a repetirse. No es posible que se repita en nuestros hijos o nietos.
Con la conexión a internet, podríamos preguntarnos ¿Cómo se divertían las infancias en el departamento de Nariño antes de la llegada del internet?
¡Qué hacían los niños nariñenses antes de internet?
Hoy, la desconexión parece un castigo, pero hace apenas unas
décadas, el verdadero castigo era que los padres no dejaran salir a sus hijos a
la calle.
La infancia nariñense del siglo XX estuvo marcada por la
creatividad, el arraigo cultural, el frío andino que se combatía corriendo y
una intensa vida comunitaria en los barrios de Pasto, Ipiales, Túquerres y la
costa pacífica.
A continuación, repasamos esos juegos tradicionales y
dinámicas que marcaron a las generaciones pre-internet en nuestra región y que determinaron que hacían los niños nariñenses antes de llegar internet.
Juegos tradicionales que no necesitaban wifi
Antes de los videojuegos en línea, el
"multijugador" se activaba gritando el nombre del vecino desde la
ventana. La calle era el escenario principal y estos eran los protagonistas:
El Trompo y las Canicas (Chascas): No había mayor orgullo para un niño nariñense que tener un trompo de madera de bota bien equilibrado y una piola resistente.
Las veredas y andenes de Pasto eran
testigos de intensas batallas para "partir" el trompo del rival. Por
otro lado, las canicas (o bolas) exigían una puntería milimétrica en la tierra
húmeda.
Las Escondidas y el "Lleva": Adaptados al
relieve y los recovecos de los barrios tradicionales, estos juegos suspendían
el tiempo hasta que caía la noche y el grito de una madre anunciaba que la
merienda estaba lista.
Los Carros de Rodillos: En una geografía tan montañosa como
la de Nariño, las pendientes se convertían en pistas de carreras extremas.
Construidos con tablas de madera y balineras usadas, estos bólidos caseros
desafiaban la gravedad en las bajadas más pronunciadas.
Creatividad y tradición oral bajo el frío pastuso
Cuando el clima andino obligaba a refugiarse en casa, la
diversión no se detenía. La falta de pantallas se suplía con ingenio y una
fuerte conexión familiar.
El juego de la "Chaza" y los juegos de mesa
Aunque la chaza es un deporte de adultos, los niños imitaban a los mayores adaptando las reglas en los patios de las casas.
Asimismo, las
tardes de lluvia eran el escenario perfecto para el Parqués, las cartas o el
dominó, donde los abuelos heredaban sus tácticas a los más jóvenes.
Mitos, leyendas y "cuentos de miedo"
La tradición oral nariñense jugaba un papel crucial. Antes de dormir, o en reuniones alumbradas por velas cuando se iba la luz, los tíos y abuelos narraban historias de La Llorona, El Duende o El Viudo.
El
entretenimiento radicaba en la sugestión y en la capacidad de asombro, algo que
hoy compite con los videos de TikTok.
El valor del reencuentro con nuestras raíces
Expertos en pedagogía y sociología local coinciden en que
aquellos niños pre-internet desarrollaron una mayor tolerancia a la
frustración, alta capacidad de negociación vecinal y una conexión profunda con
su entorno físico.
Hoy, diversos colectivos culturales en Nariño intentan
rescatar estas dinámicas a través de festivales de juegos tradicionales,
buscando que los niños del siglo XXI descubran que hay un mundo fascinante más
allá de la pantalla, donde el barro, la madera y la imaginación son los únicos
requisitos para ser feliz.
Y usted, ¿a qué jugaba en su infancia?
Déjenos sus recuerdos
en los comentarios y comparta esta nota para que las nuevas generaciones
conozcan cómo se vivía la verdadera libertad en las calles de Nariño.
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