La iglesia inicio su construcción en 1916. Actualmente, tiene más de 1 millón 500 mil visitantes al año. Está construida a más de 50 metros sobre el abismo.
Se trata del majestuoso e imponente Santuario de Las Lajas,
que según varias publicaciones se considera como una de las obras
arquitectónicas más asombrosas del continente. Sin embargo, el mundo todavía no
le ha dado el lugar que merece.
Hay lugares en el mundo que desafían la razón. Que hacen que
uno se detenga, levante la vista y no encuentre palabras. El Santuario de
Nuestra Señora de Las Lajas, ubicado a 10 minutos, a pocos kilómetros de
Ipiales, en el departamento de Nariño, es uno de esos lugares. Magnífico.
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Se trata de una basílica neogótica construida literalmente
sobre un puente que cruza el cañón del río Guáitara, a 2.700 metros sobre el
nivel del mar, en uno de los paisajes más dramáticos de toda América del Sur.
Al igual que la imagen de la Virgen de las Lajas, el
santuario es un milagro de la arquitectura religiosa que sorprendente a propios
y turistas. Una cosa es contarlo y otra es vivirlo.
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Y sin embargo, muchos colombianos jamás han oído hablar de
ella. Eso, en sí mismo, es uno de los misterios más grandes del país.
Una leyenda que se convirtió en piedra
La historia del santuario comienza, como muchas grandes
historias, con un milagro. Según la tradición oral de la región, en el siglo
XVIII una indígena llamada María Mueses de Quiñones cargaba a su hija Rosa, una
niña sordomuda, cuando buscó refugio del frío en una cueva de la montaña.
Fue allí donde la pequeña, de pronto, comenzó a hablar.
Señalaba una imagen de la Virgen María que, según los testigos, aparecía
grabada de forma sobrenatural en la roca viva de la cueva. No pintada. No
tallada. Grabada en la piedra misma, como si siempre hubiera estado ahí.
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La noticia se extendió por toda la región fronteriza entre
Colombia y Ecuador. Los fieles comenzaron a llegar. Las curaciones se
multiplicaron. Y con el tiempo, la cueva se convirtió en un lugar de
peregrinación que ya no podía contenerse en un simple nicho de montaña.
La basílica que no debería existir
En 1916 comenzó la construcción de la basílica que hoy
conocemos. El reto era monumental: edificar una iglesia de estilo gótico
europeo sobre el abismo de un cañón, en una zona de montaña de difícil acceso,
con materiales que debían subirse a lomo de mula y al hombre de hombres y mujeres.
La obra duró décadas. El resultado es una de las
construcciones más audaces de América Latina: torres que se elevan 30 metros,
vidrieras de colores, arbotantes, pináculos y esculturas religiosas, todo
suspendido sobre el vacío del río Guáitara.
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Vista desde el fondo del cañón, la basílica parece
imposible. Parece una catedral europea trasplantada al corazón de los Andes,
como si alguien hubiera tomado Notre-Dame de París y la hubiera puesto a flotar
sobre un desfiladero colombiano. La imagen es tan impactante que los viajeros
que la ven por primera vez suelen quedarse inmóviles, sin poder creer que algo
así exista en territorio colombiano.
Un destino espiritual y turístico de primer nivel
Cada año, cerca de un millón y medio de peregrinos y
turistas visitan el Santuario de Las Lajas, provenientes no solo de Colombia y
Ecuador, sino de todo el continente. Las paredes del corredor que lleva a la
basílica están tapizadas de cientos de placas de agradecimiento dejadas por
fieles que aseguran haber recibido milagros: enfermedades curadas, accidentes
superados, familias reencontradas. Es una de las expresiones de fe popular más
conmovedoras que existen en el país.
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A pesar de todo esto, Las Lajas sigue siendo un secreto a
voces. No aparece en los grandes circuitos turísticos internacionales. No tiene
la visibilidad de Cartagena ni la fama de la Ciudad Perdida. Pero quienes la
visitan, sin excepción, coinciden en lo mismo: es la experiencia visual y
espiritual más poderosa que han tenido en Colombia.
¿Cómo llegar al Santuario de Las Lajas desde Pasto?
Desde la ciudad de Pasto, Ipiales se encuentra a
aproximadamente 1 hora y 20 minutos en carro por la vía panamericana.
Desde Ipiales, el santuario queda a solo 7 km, con
transporte público disponible durante todo el día. El ingreso a la basílica es
gratuito y está abierto al público los siete días de la semana.
La mejor hora para visitar es temprano en la mañana, cuando
la niebla del cañón todavía rodea las torres y el paisaje alcanza dimensiones
casi irreales.
Hay joyas que el mundo todavía no ha descubierto del todo.
Las Lajas es una de ellas. Y está esperando, serena y eterna, sobre su abismo
de piedra.
Combina la visita a Las Lajas con el Puente Internacional de Rumichaca, a solo 4 km del santuario, en la frontera entre Colombia y Ecuador.
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