Crónica del bolsillo y el alma: Cómo recorrer Pasto sin que sufra la billetera
Existe la creencia errónea de que para conocer una ciudad hay que entrar con la tarjeta de crédito por delante. Pero en Pasto, la capital tejida a los pies de un volcán, el verdadero lujo no está en lo que se paga, sino en lo que se habita. Aquí, el presupuesto no define la experiencia; la curiosidad, sí.Recorrer la "Ciudad Sorpresa" con poco dinero es,
en realidad, la mejor forma de conocer su esencia. Es bajarse del pedestal del
turista convencional para mezclarse con el ritmo real de quienes caminamos
estas calles de piedra y viento.
1. El festín de los sentidos en El Potrerillo
Si quiere entender a Pasto, no vaya a un centro comercial;
vaya a la plaza de mercado El Potrerillo. Es un museo vivo y gratuito.
El plan aquí es perderse entre los bultos de papa de todos los colores
imaginables y los canastos de frutas que bajan del abanico de climas de Nariño.
Con apenas unos cuantos pesos, puede desayunar un "champús"
bien frío o probar las empanadas de añejo que son el combustible del pastuso de
a pie. El gasto es mínimo, pero la riqueza cultural de escuchar el regateo y
ver la laboriosidad de nuestra gente es una lección de sociología que ninguna
universidad le va a cobrar.
2. El tour de la fe y la madera (Gratis)
Pasto es conocida como la "Ciudad Teológica", y
aunque no sea usted una persona religiosa, entrar a templos como San Juan
Bautista o La Merced es entrar a galerías de arte barroco sin pagar
boleta.
Caminar por el centro histórico es un plan que solo cuesta
el desgaste de las suelas. Detenerse a mirar los detalles de las puertas
talladas y las fachadas republicanas es un ejercicio de observación profunda.
El Parque Nariño es nuestro gran patio: sentarse en una banca a ver pasar la
tarde, mientras el Galeras vigila al fondo, es el plan más barato y,
paradójicamente, el más solemne que existe.
3. La Cocha: El mar de los Andes a precio de bus
Mucha gente piensa que ir a la Laguna de La Cocha es
un lujo, pero el secreto está en cómo se llega. Si toma un transporte
intermunicipal en la salida al sur, el costo es irrisorio.
Una vez en El Encano, no necesita alquilar una lancha
privada para sentir la magia. Caminar por el muelle de madera de "La
Venecia de Nariño", con sus casas de colores y sus balcones llenos de
flores, es una experiencia estética que no tiene costo. El frío que cala los
huesos se espanta con un "hervido" (bebida caliente de fruta con un
toque de aguardiente) que se consigue en cualquier esquina por lo que vale un
pasaje de bus. Es la comunión perfecta entre el hombre y el agua.
4. El mirador natural: La ruta hacia el volcán
Para quienes tienen buen pulmón, caminar hacia las faldas
del Volcán Galeras (hasta donde las autoridades lo permitan por
seguridad) es el plan definitivo. El aire puro no tiene factura. Ver cómo la
ciudad se va volviendo pequeña mientras los parches verdes de los cultivos de
cebolla y papa dominan el paisaje es un recordatorio de nuestra escala humana.
Un análisis de fondo
Hacer planes baratos en Pasto no es un acto de tacañería, es
un acto de honestidad. La ciudad se entrega más fácil a quien la camina
sin pretensiones. El pastuso es generoso por naturaleza; no es raro que,
preguntando por una dirección, termine usted en una charla de media hora sobre
la historia del carnaval o recibiendo una recomendación de dónde comprar el
mejor pan de bono por menos de lo que piensa.
Al final del día, lo más valioso de Pasto es su gente y su
paisaje. Y para eso, afortunadamente, todavía no se ha inventado un impuesto.
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