Oración para agradecer a Dios por estar vivos
Gracias,
Señor, por el milagro silencioso que ocurre en mí a cada instante: por el aire
que entra en mis pulmones, por el corazón que late sin cesar, por la sangre que
circula, por el cuerpo que responde, por la conciencia que despierta cada
mañana. Gracias porque, aun cuando duermo, Tú no descansas cuidándome. Gracias
porque, aun cuando no soy consciente, tu presencia me sostiene y me mantiene en
pie.
Te doy
gracias, Dios mío, porque estar vivo significa tener una nueva oportunidad:
oportunidad de amar mejor, de perdonar, de corregir errores, de empezar de
nuevo, de acercarme más a Ti. Gracias porque mientras hay vida, hay esperanza;
mientras hay aliento, hay posibilidad de cambio; mientras hay un latido, tu
gracia sigue actuando en mí.
Gracias,
Señor, por haberme creado con intención, con propósito y con amor. No soy un
accidente, no soy un número, no soy invisible para Ti. Me pensaste, me llamaste
por mi nombre y me regalaste esta vida como una misión. Gracias por mi
historia, por mi camino, por mis luces y mis sombras, porque incluso en lo que
no entiendo estás obrando para mi bien.
Hoy quiero
agradecerte también por haberme sostenido en los momentos en que la vida
pesaba, cuando el cansancio, el dolor o la tristeza quisieron apagar mi
esperanza. Gracias porque en los días difíciles no soltaste mi mano, porque me
diste fuerzas cuando yo ya no tenía, porque me levantaste cuando caí y porque
me recordaste que mi vida tiene valor incluso cuando yo mismo lo olvidé.
Gracias,
Señor, por la vida de quienes amo, por las personas que caminan conmigo, por
quienes me enseñan, me corrigen y me acompañan. Gracias por cada encuentro, por
cada despedida, por cada abrazo, por cada palabra que ha marcado mi existencia.
Gracias porque a través de otros también me recuerdas que vivir es un regalo
que se comparte.
Te
agradezco, Dios de amor, por este día, por este instante presente, por el aquí
y el ahora. Ayúdame a no desperdiciar la vida en quejas, en rencores o en
miedos. Enséñame a vivir con gratitud, con responsabilidad y con conciencia.
Que cada día que me concedas lo viva como un acto de alabanza, como una
respuesta agradecida a tu amor.
Hoy proclamo,
Señor, que la vida es buena porque viene de Ti. Te agradezco por estar vivo,
por existir, por sentir, por pensar, por amar y por creer. Recibo la vida que
me das y la pongo en tus manos, para que la guíes, la protejas y la llenes de
sentido.
Gracias, Señor,
por el don inmenso de la vida. Mientras respire, te alabaré. Amén.
