La historia es la historia y quien no la conoce está condenado a repetirla. Uno de los episodios más dolorosos y complejos para los pastusos fue la navidad de 1822 (navidad negra).
Navidad negra en Pasto
Este episodio ha sido poco
difundido en la historia colombiana, pero hace parte de la memoria colectiva
que recuerda la terrible tragedia humana: el saqueo, los abusos y los cientos
de civiles pastusos que perdieron la vida a manos de las tropas del batallón
Rifles, comandadas por Antonio José de Sucre bajo las órdenes de Simón Bolívar.
Además de las atrocidades
humanas, también las tropas de Simón Bolívar, el libertador, se atentó con el
patrimonio y la memoria histórica, se perpetuó la destrucción sistemática de la
identidad documental e institucional de San Juan de Pasto.
El saqueo del archivo y la pérdida de la memoria
Para el ejército republicano, Pasto no era sólo un enemigo militar; era el bastión ideológico del realismo en el sur del continente. La resistencia pastusa, liderada en su última etapa por figuras como Agustín Agualongo, había humillado repetidamente a las fuerzas patriotas.
Por ello, la orden implícita tras la victoria en la Batalla de
Yacuanquer y la entrada a la ciudad el 24 de diciembre fue el escarmiento.
Las represalias no se limitaron
a las calles y templos; se dirigieron al corazón institucional de la ciudad: el
Archivo del Cabildo.
Con ello, se sumó la tragedia
histórica con:
La destrucción de documentos:
Las tropas republicanas entraron a las dependencias oficiales de la
administración colonial. Los libros de actas, las cédulas reales, los registros
de propiedad y los documentos que narraban los primeros dos siglos de vida del
Valle de Atriz fueron sacados a las plazas.
El uso de los folios: Gran parte
del papel del archivo histórico fue quemado, utilizado para encender fogatas de
las tropas, o peor aún, usado como "tacos" para cebar los fusiles y
mosquetes del ejército vencedor.
La consecuencia actual: Esta es
la razón principal por la cual, como mencionábamos en la nota anterior, el acta
original de poblamiento o fundación de Pasto no existe en los archivos locales.
La Navidad Negra borró de un plumazo los registros que habrían resuelto los
debates historiográficos sobre el nacimiento formal de la ciudad.
El destino de los símbolos: El Escudo de Armas
El escudo de armas de Pasto,
otorgado en 1559 por la princesa Juana de Austria, era un símbolo de altísimo
valor para los habitantes. El blasón, que ostentaba los dos castillos de plata,
los leones rampantes y el río de plata al pie, representaba el reconocimiento
de la Corona a la importancia de la villa.
Durante los tres días de terror
de diciembre de 1822, los símbolos de la ciudad sufrieron un proceso de
"despolitización y castigo":
[1559] Otorgamiento del Escudo
Real por Juana de Austria.
↓
[Diciembre 1822] Destrucción
física de insignias y confiscación de objetos de plata en templos.
↓
[1823 - 1825] Prohibición de
facto de exhibir símbolos que recordaran la fidelidad al Rey.
Vandalismo iconoclasta: Las
representaciones del escudo en edificios públicos y las banderas que portaban
los milicianos pastusos fueron destruidas, rasgadas o pisoteadas como trofeos
de guerra.
El expolio de los templos: Las
iglesias de San Juan, Santiago y la Catedral, donde se resguardaban estandartes
y piezas de orfebrería con grabados coloniales y escudos heráldicos, fueron
saqueadas. La plata litúrgica y los objetos sagrados se fundieron o se enviaron
al norte para financiar las campañas militares pendientes en el Perú.
Con todo esto, cabe mencionar
que Simón Bolívar consideraba a Pasto el "santuario de la tiranía".
La destrucción de sus símbolos y archivos no fue un descontrol casual de la
soldadesca; fue una estrategia de pacificación cultural para desmantelar el
orgullo y el andamiaje institucional de un pueblo que se negaba a aceptar el
proyecto de la República.
La reconstrucción de la memoria
Pasto quedó sumida en un vacío documental. Durante el siglo XIX y principios del XX, los historiadores de la región (como el centro de estudios de la Academia Nariñense de Historia) tuvieron que realizar una labor titánica: viajar al Archivo Central del Cauca en Popayán y al Archivo General de Indias en Sevilla, España, para buscar copias de las cédulas reales y de los documentos que la Navidad Negra les había arrebatado. Gracias a esas copias enviadas a España siglos atrás, hoy conocemos cómo era el escudo original y qué decía la Real Cédula de 1559.
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