Cuánto puedes ganar vendiendo platos típicos en Nariño durante Semana Santa

Para un nariñense, la Semana Santa no solo huele a incienso; huele a zapallo, a calabaza locrera, a maní tostado y a ese aroma inconfundible del pescado seco que inunda las plazas de mercado desde El Potrerillo hasta Ipiales. Pero más allá del fervor religioso, estos días representan la "agosto" de miles de familias que ven en la gastronomía un motor económico imbatible.

No es una exageración. Mientras otros sectores se detienen, las cocinas de Nariño se encienden para alimentar una demanda que mezcla turismo, nostalgia y el rigor de la abstinencia de carnes rojas.

La Economía del Plato Típico: Cifras que Alimentan

Vender comida en Semana Santa en Nariño es, por definición, un negocio de alto volumen y margen rápido. Según reportes de tendencias comerciales de la Revista Dinero, el sector de alimentos y bebidas en regiones con alto turismo religioso puede experimentar picos de venta de hasta un 40% superior a una semana convencional.

En el contexto local, el análisis se vuelve más interesante cuando desglosamos el plato estrella: El Juanesca o Fanesca nariñense.

·         La Inversión: Preparar una olla familiar grande (unas 50 porciones) requiere una inversión inicial en granos, bacalao, leche y especias que oscila entre los $400.000 y $600.000 COP, dependiendo de la calidad del pescado.

·         El Retorno: En los puntos de venta populares, un plato se comercializa entre los $18.000 y $25.000 COP. En restaurantes de mantel o zonas turísticas como La Cocha, el valor puede escalar hasta los $45.000 COP.

"La gastronomía es el mayor dinamizador del turismo en el suroccidente colombiano. En departamentos como Nariño, el gasto promedio del turista se concentra en un 35% exclusivamente en alimentación típica", señalaba recientemente un informe sobre competitividad regional de El Espectador.

¿Cuánto se puede ganar realmente?

Si hablamos de un emprendimiento temporal (un puesto de confianza en un barrio o una venta de garaje bien acreditada), las cifras son alentadoras. Un negocio mediano que logre despachar 200 platos durante los tres días principales (Jueves, Viernes y Sábado Santo) puede generar ingresos brutos cercanos a los 5 o 6 millones de pesos.

Tras restar costos operativos y de insumos, la utilidad neta para una familia puede rondar el 45%, una cifra que difícilmente se logra en otros periodos del año con tanta rapidez.

El reto de los insumos

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. El diario Portafolio ha advertido en años anteriores sobre la "inflación estacional". El precio del pescado seco y los granos frescos suele subir hasta un 25% en las semanas previas a la festividad.

El éxito del negocio en Nariño no radica solo en saber sazonar, sino en la capacidad de acopio. Quien compra sus granos y el pescado con un mes de antelación, asegura un margen de ganancia mucho más robusto que aquel que sale a última hora a pelearse los precios en la plaza.

Más que dinero, un Patrimonio Vivo

Vender platos típicos en Pasto o en los pueblos de la cordillera es, en última instancia, un acto de resistencia cultural que paga bien. Es el sustento de la "mayora" que guarda la receta y del joven que ayuda a repartir los domicilios. En Nariño, la fe se siente en el alma, pero se financia —y muy bien— a través del paladar.

 

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