5 Bebidas Nariñenses que el Mundo (Aún) no Descubre
Nariño es una tierra de contrastes que se beben. Mientras el resto del país asocia al departamento con el café de alta montaña —que ya es una potencia exportadora según la Federación Nacional de Cafeteros—, en las cocinas de las abuelas y en las plazas de los pueblos se esconden pócimas que desafían el paladar convencional.
Para el análisis de negocios, estas bebidas representan lo que la Revista P&M denomina "mercados de nicho con
alto valor cultural". Son productos que casi nadie fuera de la región
conoce, pero que guardan el secreto de la biodiversidad andina y pacífica. Aquí
te presentamos cinco tesoros líquidos que deberías probar (o vender) antes de
que se vuelvan tendencia.
1. El Hervido Pastuso (La Alquimia del
Frío)
No es un simple cóctel; es la respuesta de Pasto al frío de la galeras. Se
trata de una mezcla de jugo de frutas ácidas (lulo, mora o maracuyá) hervido
con canela, azúcar y el toque final: chapil o aguardiente.
·
El Potencial: En festivales como el de Negros y
Blancos, la venta de hervidos puede representar el 60% de los ingresos
líquidos de los puestos artesanales. Es una "bebida de experiencia"
que el turismo internacional está empezando a valorar.
2. El Chapil (El Destilado Ancestral)
Es el aguardiente de la selva y la montaña, especialmente vinculado a la
comunidad indígena Awá. Se obtiene de la destilación de la caña de azúcar de
manera artesanal.
·
Cita de Negocios: El diario La República ha
señalado en diversos foros sobre licores artesanales que bebidas como el chapil
y el viche tienen un potencial de formalización similar al mezcal mexicano,
pudiendo alcanzar mercados de lujo si se cuida su denominación de origen.
3. La Chicha de Siete Granos
Olvide la chicha de maíz convencional. En Nariño, especialmente en épocas
festivas, se prepara una versión compleja que incluye siete variedades de
granos y especias. Es espesa, nutritiva y con un grado de fermentación sutil.
·
Análisis Profundo: Es la "cerveza artesanal" de
nuestros ancestros. Su producción es sostenible y utiliza insumos 100% locales,
lo que reduce la huella de carbono, un factor clave para el consumidor
consciente del 2026.
4. El Fresco de Chilacuán
El chilacuán o papayuela es la fruta insignia de los patios nariñenses.
Aunque se conoce más en dulce, su jugo (fresco) es una bebida delicada,
aromática y refrescante que casi no se encuentra en restaurantes comerciales.
·
Oportunidad: "La diversificación de frutas exóticas
en bebidas funcionales es una tendencia al alza", indica un reporte de la Revista Dinero. El chilacuán tiene todo para ser el
próximo 'superfood' en formato líquido.
5. El Pimentón (Bebida de Especias)
No se confunda con el vegetal. En algunas zonas rurales de Nariño, se llama
así a una infusión caliente de hierbas y especias (donde prima la pimienta
dulce y la canela) que se ofrece como gesto de hospitalidad. Es el "té de
bienvenida" del sur.
¿Por qué estas bebidas son el próximo
gran negocio?
El diario El Tiempo destacaba recientemente que el "turismo
de origen" busca lo que es auténtico y difícil de encontrar en un
supermercado. Nariño tiene en estas cinco bebidas un catálogo de exportación
sensorial que aún no ha sido explotado a gran escala.
Para un emprendedor, el margen de ganancia en bebidas artesanales es
sumamente atractivo. Mientras que una bebida industrializada tiene un margen
del 15% al 20%, una bebida artesanal con "relato"
(storytelling) puede alcanzar márgenes del 50% al 70% debido a
su valor percibido.
"El consumidor del 2026 no compra solo una bebida, compra una historia
y un territorio", afirma un analista de tendencias de la revista Forbes Colombia.
Nariño no solo se conoce por lo que se ve, sino por lo que se bebe en el
silencio de sus montañas. ¿Te atreverías a probar el Chapil puro o prefieres la
calidez de un Hervido de Lulo bajo la lluvia de Pasto?
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