¿Por qué Sócrates desconfiaba de la democracia?

A todos nos enseñaros que Atenas fue la cuna de la democracia, sin embargo, no nos dijeron que uno de los filósofos más importantes, Sócrates, no confiaba en ella, por la fragilidad ante la demagogia y la falta de juicio crítico de las masas a la cual estaba expuesta.


Por eso, Platón, en el libro VI de La República, ilustra esta postura con la célebre alegoría del barco: si vas a emprender un viaje por el mar, ¿preferirías que el capitán fuera elegido por votación de los pasajeros sin conocimientos de navegación, o por alguien experto en las estrellas, el viento y la marinería?

Por tanto, Sócrates no odiaba a la democracia por elitismo ni por preferencia a una dictadura, sino por su fragilidad, algo que se debe tener claridad, porque se ha intentado confundir la postura de este gran filosofo. 

A continuación, te explicamos la postura de Sócrates frente a la democracia y cómo esto se puede relacionar en la época actual. Empecemos.

¿Por qué Sócrates desconfiaba de la democracia?

Solemos pensar en la antigua Atenas como la cuna idealizada de la democracia. Sin embargo, uno de sus pensadores más emblemáticos, Sócrates, era profundamente escéptico respecto a este sistema. Y no, no era porque defendiera a tiranos ni a reyes, sino porque veía en la democracia no educada un peligro mortal.

Platón, su discípulo, inmortalizó este dilema en La República mediante una famosa metáfora: la alegoría del barco.

Imaginen un barco a punto de zarpar. ¿Quién prefieres que tome el timón? ¿Cualquier pasajero mediante una votación popular, o un marinero formado en la lectura de las estrellas, los vientos y la navegación? La respuesta resulta obvia: conducir una nave requiere conocimiento. En política, también ¿o no?

Para Sócrates, votar no es una mera opinión o un derecho intuitivo, sino una habilidad que exige educación, juicio crítico y pensamiento reflexivo. Actualmente, tal vez, cuando elegimos ni siquiera leemos el resumen de las propuestas que hacen los candidatos, a veces, solo votamos por las emociones que provocan.

El gran temor del filósofo atenienses era la demagogia. Creía que una masa sin educación filosófica es fácilmente manipulable por líderes que ofrecen respuestas fáciles y promesas agradables, en lugar de verdades incómodas. En sus palabras, la elección política entre un filósofo y un demagogo se parece a la competencia entre un médico y un pastelero ante un público de niños:

El pastelero promueve dulces y satisfacción inmediata.

El médico ofrece medicinas amargas pero necesarias para curar.

El resultado de en una votación no meditada, pues era predecible, entre el médico y un pastelero: el pastelero gana siempre.

Por eso, irónicamente, la propia democracia ateniense terminó confirmando los temores de Sócrates. En el año 399 a.C., un jurado de 501 ciudadanos votó, influenciado por prejuicios y sofismas, condenarlo (a Sócrates) a muerte por "corromper a la juventud" e "impiedad".

La lección socrática para nuestro tiempo

Sócrates no buscaba restringir el voto por clase social, sino advertir que una democracia sin educación ciudadana se convierte inevitablemente en demagogia y oclocracia (el gobierno de la muchedumbre).

El voto sin reflexión no es libertad; es simplemente la ilusión de elegir mientras otros manipulan nuestras emociones.

Seguramente, por eso, votamos con la ilusión de cambio, de que esta vez, si será posible, pero cuando los candidatos ganan y llegan a gobernar, todo sigue igual, nada cambia y la desilusión llega durante los gobiernos, pero desaparece, cuando llega la época electoral.

Finalmente, ¿crees que el dilema que planteó Sócrates sigue vigente en la política actual? 

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